Friday, February 23, 2007

LA MILONGA DE LA ÑATA

El escenario:

Un salón de baile en Flores, un barrio de Buenos Aires. En el centro: la pista. Alrededor de la misma: mesitas con manteles rosados y amarillos y floreros con flores secas de colores chillones. Sillas metálicas plegadizas de tijera. El salón está iluminado por luz fluorescente y adornado con guirnaldas de papel. Los concurrentes: hombres y mujeres que frisan o superan la cincuentena. Los hombres, de riguroso terno oscuro, camisa y corbata. Las damas, trajes de falda breve, medias con costura y zapatos de taco aguja con pulsera en el tobillo. Mucho maquillaje y peinados pasados de moda.




-Che, Ñata mirá ése, cómo te cabecea.
-Callate, que ya lo tengo junado. En el baile de la semana pasada mucho amagar y al final me dejó pagando…en aprontes se fue, el muy cochino. Le dije que si, y cuando me paré empezó a caminar como para bailar conmigo, pero se ve que me vio muy lunga, dio media vuelta y se metió en el biorse.-¡Qué cobarde el enano!
-Lo que pasa, es que vos sos muy alta, y no te llega ni a la cintura.-Pero acá no venimos a medirnos, Tita. Venimos a milonguear y nada más, y a mí me gusta el petiso porque baila de diez, así que no me importa hasta dónde me llega.
-¡Es que estás pintona Ñata! ¡Parecés una piba!
-Mi buen trabajo me cuesta, che. Los miércoles y viernes me levanto temprano, me pongo los ruleros, y me tomo unos verdes despacito. Mucha crema para las arrugas, me hago las manos, si se me rompieron las medias voy hasta la tienda de acá a la vuelta que me trae del Once algunos pares con costura porque según dónde no las conseguís. ¿Viste? Como la tinta me la hace mi hermana cada quince días, lo único que me queda por hacer es arreglarme las uñas. Como algo livianito y a eso de las cuatro enfilo para Flores.
-A mí lo que más me cuesta de venir es embutirme en la faja, pero me la tengo que poner porque si no, parezco un flan Ravana.
-Ultimamente, tengo un poco de lío para renovar pilchas, con esto de la crisis. Antes, con los ponjas, me compraba las blusitas con nada. Y decí que Carlos me dejó bastante forrada y los chicos me ayudan, que si no…
-¿Ellos saben que venís a la milonga, Ñata?
-Mirá Tita, lo sospechan. Cuando salgo de casa les dejo un papelito con la dirección del baile en la mesada, por si me pasa algo… Pero la verdad, decirles, no les digo. Como la milonga es de semana, cuando pasan con los pibes a buscarme el sábado para ir al country, en Pilar, yo me encajo el yoguin, las zapatillas y ni pío del tema.
-Hacés bien, tus nueras no te entenderían…son tan finas.
-Sobre todo Mariana, la de Eduardito, la abogada. Si supiera que la suegra se viene acá se moriría de seguro.
-Carlitos y Eduardo saben muy bien que con la milonga empecé a los quince, en el Estrella de Oriente, por Valentín Alsina, donde vivía de piba. Ellos entienden que cuando el fueye suena, el alma también me baila, que me muero por dar vueltas en la pista, sobre todo si encuentro compañero que me cuadre y que me sepa llevar. Por eso, se hacen los burros, con las mujeres disimulan y a los pibes no les cuentan nada de la otra cara de la Ñata, se la llevan guardada. Además, los chicos me dicen Abuela y las mujeres…Ana.
-Si, los sobrenombres son de antes…a la Pocha, las nueras la llaman María Elena y al Toto, Manuel le dicen ahora, hasta el Bocha se hace llamar Ernesto. En fin, los tiempos cambian…y usar sobrenombres es medio ordinario, parece. Che, Ñata, ahí viene el petiso. Esta vez te saca…
-Disculpe…¿Baila?
-Bueno, no me va a dejar pagando ¿No?
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Y ahí va, la Ñata, girando en el salón adornado con guirnaldas de papel, en brazos del bailarín que trata de verse alto, a fuerza de enderezar la espalda. Se la ve radiante: rosada de piel, con brillo en la mirada mientras enreda sus piernas en las del galán que la acompaña. Es sentimiento en melodía lo que bailan. Pero ella vuelve a la mesa y se deja caer en la silla. Parece cansada.
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-Mirá, Tita, no te iba a decir nada…pero… ayer fui a ver al tordo. Me volvió la de la mala palabra…Tengo, como mucho, seis meses…estoy toda tomada.
-Ay Ñata, no me digas. Yo pensé que el tema estaba terminado. Ya van para seis años de la última vez…
-Te acordás…A los dos días de la quimio, me calzaba la peluca, me rellenaba donde ya sabés y a la milonga sin falta a sacarme de encima toda la mufa, así nomás, con el tango......Y ahora, ahora pienso hacer lo mismo, seguir bailando y hasta el último día venir a la milonga, porque para agarrarme, Laquetejedi, va a tener que saber mover muy bien las tabas...
Cati Cobas
Glosario:
Cabecear: llamar desde lejos a una dama para bailar
Junar: haber visto a alguien previamente
Lunga: alta
Biorse: baño
El Once: barrio comercial de carácter masivo y popular
Ponjas: comerciantes orientales que vendían a precios muy económicos,antes de la crisis, ropa de dudoso gusto.
Fueye: bandoneón
Tordo: doctor
Tabas: pies
Laquetejedi: "aquella de la que te hablé" (por la Muerte)

1 comments:

Lola said...

Bueno , Cati, el Blog con los cuentos me encanta, ya conozco muchos de ellos pero los pienso volver a leer ya que "enganchas" , es te es especialmente tierno...
Estupendo trabajo.
Abrazos
lola

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