Saturday, March 03, 2007

ANILLOS DE PLATA


Marina no había vuelto a la Argentina desde que El Capicúa comenzara su primer gobierno, por eso, me puse tan contenta de verla en la cancel con la sonrisa de oreja a oreja de otros tiempos.
Cuando nos sentamos en la galería a tomar fresco y a contarnos nuestras cosas, la vi un poco extraña, pero pensé que como hacía mucho que no charlábamos, era cuestión de tiempo y confianza, nada más.
Y así fue. Después de contarme su vida allá en Mallorca, sus éxitos como pintora, de describirme con pelos y señales la casita de piedra junto al mar y la playa en la Colonia de San Jordi; después de contarle yo las penurias de cada día aquí por estos pagos, se fue tan rápido como había entrado. Pero antes me propuso un intercambio que acepté verdaderamente entusiasmada.
Es que ella traía en el dedo anular de la mano derecha, un anillo muy raro, que parecía una cucharita de plata doblada por alguna fuerza poderosa, llena de misterio.
Marina me dijo: _ ¿Qué te parece si me das ese anillo de la guarda india que tenés y te lo cambio por éste que te llama la atención?
Acepté en seguida, por supuesto. Un anillo hecho en Mallorca era algo más original y diferente a las cosas que se veían por aquí. Tardé un suspiro en arrancarme del dedo el aro de plata con la guarda diaguita y mucho menos que eso en poner mi dedo en la cucharita enrollada.
Esa noche, me fui a dormir como todas las noches, bien cansada, pero me levanté peor todavía.
No me acordaba qué me había pasado pero me parecía haber bailado un bolero y comido ensaimadas. Lo dejé pasar.
La noche siguiente, anduve por La Lonja y también entré al Castillo de Bellver. Otra vez me levanté agotada.
Cuando la tercera noche del día tercero casi me ahogo al tirarme de un peñón frente al Mediterráneo azul turquesa, pensé que era hora de llamar a Marina aunque la llamada costara un ojo de la cara y preguntarle qué pasaba.
Me respondió: _Nada, piba, ¿qué querés que pase?
_Mirá, Marina, me están pasando cosas raras. Sueño con lugares que no conozco y anoche casi me ahogo en el mar. Me salvé porque se me enganchó el bretel de la malla en una roca.
_¡Ah! piba, me contestó Marina, si es por eso, anoche, quedé reventada de bailar tango en un piringundín de mala muerte por San Telmo, así que no te quejés que por lo menos estuviste en un lugar de prima.
Decididamente, la cosa estaba peliaguda. Me dí cuenta de eso después que Marina me contó del atracón que se dio dos noches atrás en Las Cuartetas, a pura pizza y fainá.
Ahí me avivé, caí del nido, dije ¡Eureka! ¡Los anillos!
Pero era demasiado tarde. El problema se ha hecho crónico. Tengo las manos hinchadas de amasar sobrasadas y a toda hora me escuchan en casa cantando: “copeo copeo, copeo salat, si tu no te turas yo estiq eturát”. En cuanto a Marina, ya no se dedica a pintora de caballete. En toda Mallorca la conocen como Estercita, la milonguera.


Cati Cobas

0 comments: