Saturday, March 03, 2007

EL EXTRAÑO CASO DE LA MUJER-ÁRBOL (Alegoría)




Cuentan que hubo una vez en Buenos Aires una extraña mujer-árbol con copa de seibo y raíces de almendro. Por un extraño encantamiento, mientras las ramas se estiraban alto, en busca del cielo azul celeste, el fin de las largas, larguísimas raíces estaba al otro lado del mar, muy, muy lejos, allá, por el Mediterráneo. Sucede que nuestra mujer árbol fue amamantada al compás de pasodobles y milongas, tangos, zarzuelas, boleros y chamamés, zamba y muñeiras, por lo que nunca supo a quién hacerle caso: si a su copa de follaje frondoso y verde, como los vastos campos que la albergaban, o a sus raíces, que le hablaban de una tierra salobre, pétrea, marina y desconocida. Pasó su vida sin poder resolver ese dilema. Preguntándose cuál era su verdad y buscando con ansia una respuesta, pues vivía con la terrible sensación de ser de dos sitios y ninguno. La eterna duda: ¿debía florecer en sangre roja o en blanco marino y transparente? Cuando creció recibió amor y compañía de un hombre-árbol que dudaba entre su copa de ombú y sus raíces de álamo y olivo. Unieron sus sombras y vivieron lo mejor que pudieron, pero siempre perseguidos por esas imperiosas preguntas que cada tanto los acosaban, sobre todo a la mujer, ya se sabe que los hombres, aunque sean hombres- árbol, se conforman, en muchos casos, más fácil con su suerte.

Un día, un muy buen día, se les apareció una señora que dijo ser: La Mágica Señora de la Sierra Mágina, aclaró entonces que esa Sierra pertenecía al mismo territorio donde se encontrban las raíces de la mujer- árbol; dijo además que venía a resolver, y para siempre, el intríngulis de nuestra protagonista con copa de seibo y raíces almendradas. No se trataba de cualquier señora, ésta era muy convincente y segura de sí misma. Su aplomo y señorío eran palpables y además, la acompañaba un caballero que hacía juego con las dotes de su dama. La mujer-árbol, incrédula, pensó que las magias eran sólo para niños o para que las escritoras inglesas se volviesen archiricas con ellas. Mas la Señora Mágica estaba absolutamente convencida y le obsequió a la mujer- árbol una mariquita rojinegra que, según la Señora, tenía poderes poderosos y encantados. El tal coleóptero era una reducción del traje favorito de la magna dama, ya que las señoras de Mágina se visten de farales y lunares y sería el encargado de obrar los sortilegios.
Como estamos hablando de una mujer-árbol, podréis imaginaros que la mariquita se albergó muy cómoda en ella, hasta que sucedió algo inverosímil: la mujer-árbol se encontró de pronto en un sitio muy oscuro, rodeada de japoneses y venezolanos, sentada junto a la Señora, su caballero y el hombre ombú-álamo-olivo.

Y comenzó a sonar el bandoneón con los más hermosos acordes de tango que pudo escucharse vez alguna, y, mientras nuestra mujer se dejaba acunar por esa música, pudo observar a la Señora de Mágina y a su Caballero entonando los tangos mejor que ella misma lo hacía. Sintió entonces nuestra protagonista que los hombres pueden ser de todas partes, y que no había que preguntarse tanto por qué sucedían ciertas cosas. No se sabrá nunca si fue la visita, lamariquita, o, quizás, la presencia de un sombrero y unos zapatos que bailaban solos la milonga, pero nuestra mujer-árbol acabó sus días floreciendo con rojas flores de almendro e insólitas flores de seibo, blancas como la espuma del mar.

Cati Cobas

1 comments:

Noctiluca said...

Qué lindo cuento...
¡¡Saludos a la mujer árbol!!