
El vuelabajo
El vuelabajo estaba preso. Sí. Preso. Había soñado con conocer países lejanos. En San Juan y Boedo era difícil pensar en otros horizontes: sólo Pompeya y más allá, la inundación. La vieja, de chiquito, le había dicho, le había repetido hasta el cansancio: "volá bajo, porque abajo, está la verdad". Por eso, cuando algunos de la barra se metieron en política, o probaron trabajar en cosas que los volvieran ricos, él siguió con lo suyo: el laburo y María, nada más.
El vuelabajo estaba preso. Sí. Preso. Había soñado con conocer países lejanos. En San Juan y Boedo era difícil pensar en otros horizontes: sólo Pompeya y más allá, la inundación. La vieja, de chiquito, le había dicho, le había repetido hasta el cansancio: "volá bajo, porque abajo, está la verdad". Por eso, cuando algunos de la barra se metieron en política, o probaron trabajar en cosas que los volvieran ricos, él siguió con lo suyo: el laburo y María, nada más.
Los pibes llegaron demasiado pronto,y María comenzó a engordar, ya no era la "mistonga florcita de lis", así que él, para no volverse loco, después del taller, se encerraba en la piecita de arriba y llenaba cuadernos Rivadavia con recortes de diario que hablaban de viajes. Empezó con los rotograbados de La Prensa a escaparse en sepia. Tuvo un lío bárbaro la vez que se quedó atrapado en un baño del Moulin Rouge porque pedía que lo sacaran para volver a casa, pero como el empapelado y él hacían juego, nadie lo veía.
La cosa mejoró cuando los suplementos de viajes comenzaron a venira todo color. Los que más le gustaban eran los de La Nación. Eran tan completos que pudo recorrer Estocolmo, Bombay y Estambul al hilo, en una sola noche. Cuando volvía, le repetía a María y a los chicos: "hay que volar bajo, porque abajo está la verdad".Y así, toda la familia seguía en una modesta y gris rutina sin salida, mientras él, a escondidas, vivía mil vidas cada noche.
Todos se pusieron viejos. Los hijos se fueron a volar por su cuenta, bajito, como habían aprendido de él y María, que de volar bajo se había vuelto francamente gorda y arrugada, se murió. Fue entonces cuando el Vuelabajo decidió que no quería morir así él también, que por una única y gloriosa vez iba a volar alto, con ambición y sin límites, iba a volar muy alto, sin medir las consecuencias, sin importarle nada.
Todos se pusieron viejos. Los hijos se fueron a volar por su cuenta, bajito, como habían aprendido de él y María, que de volar bajo se había vuelto francamente gorda y arrugada, se murió. Fue entonces cuando el Vuelabajo decidió que no quería morir así él también, que por una única y gloriosa vez iba a volar alto, con ambición y sin límites, iba a volar muy alto, sin medir las consecuencias, sin importarle nada.
Lo agarraron ahí mismo, en Ezeiza. El capitán del avión lo pudo reducir, y nadie creyó que el arma era de verdad cuando le pedía llorando, por favor, que lo llevara a dar la vuelta al mundo mientras le presentaba un cuaderno Rivadavia como hoja de ruta.
Cati Cobas
Vuelabajo: el regreso
Glosario:
Vuelabajo: el regreso
Glosario:
"hacer una vaquita": juntar dinero entre varios
cinchas: elementos para ensillar al caballo
gaita: español
tano: italiano
luca: mil pesos
cafúa: cárcel
hondazo: golpe con una piedra arrojada con un tirachinas
yeta: mala suerte
"¡El setecientos siete queda en libertad!", atronó la voz delguardia cárcel.
"¡El setecientos siete queda en libertad!", atronó la voz delguardia cárcel.
El vuelabajo no lo podía creer. ¿Quién habría pagado la fianza? Se enteró después de trasponer la última reja, acompañado de Jaime, el hijo del sastre, que era el abogado del barrio.
"Hicimos una vaquita entre todos, ¿sabés?, le dijo el joven picapleitos, que, pese a la universidad, volvía a Boedo en cuanto se aflojaba las cinchas de doctor.
La idea fue de Paco, el almacenero de Inclán y las Casas. Dijo el gaita que eras un buen tipo, que no podías quedarte así, en cafúa. Dejó en el mostrador una latita de duraznos con un tajo hecho con el cuchillo de los quesos, y todos íbamos poniendo lo que teníamos. ¿Te acordás de Pocho? ¡A ése sí que le fue bien vendiendozapatillas! ¡Si tiene una cadena de locales que sellama "Thinsports"! Sabemos que fue él, el que dejó en la lata un cheque como por quince lucas!"
La idea fue de Paco, el almacenero de Inclán y las Casas. Dijo el gaita que eras un buen tipo, que no podías quedarte así, en cafúa. Dejó en el mostrador una latita de duraznos con un tajo hecho con el cuchillo de los quesos, y todos íbamos poniendo lo que teníamos. ¿Te acordás de Pocho? ¡A ése sí que le fue bien vendiendozapatillas! ¡Si tiene una cadena de locales que sellama "Thinsports"! Sabemos que fue él, el que dejó en la lata un cheque como por quince lucas!"
El Vuelabajo caminaba despacito a su lado, como pidiéndole perdón a las baldosas por pisarlas. Tenía la cabeza en Ezeiza, en el papelón que había pasado cuando nadie le tuvo miedo y lo redujeron como aun mocoso. En el cuaderno Rivadavia que le habían confiscado como prueba del delito. Él sólo había querido volar alto por una vez, y de verdad, pero claro, lo bajaron de un hondazo.Y ahora el pibe -porque para él, Jaime seguiría siendo el pibe del sastre al que le devolvía mil veces por día la pelota, cuando se le caía en el patio del taller- venía a decirle que el barrio se había acordado de él, que le habían juntado la plata para sacarlo del encierro.
¿Y el Pocho? ¿Por qué el Pocho había dejado tanta guita en eltarro?, se preguntaba taciturno.El Vuelabajo pensó entonces en el carrito a rulemanes que le había hecho cuando era el gordito de la barra, y nadie lo dejaba jugar dediez. "¡Con el carrito me siento Fangio, Vuelabajo!",le había dicho Pocho un día, mientras corría por la barranquita de Chiclana atropellando a las viejas que volvían del mercado. Sería por eso, quizás, tanta generosidad. El Vuelabajo estaba estupefacto.
¿Y el Pocho? ¿Por qué el Pocho había dejado tanta guita en eltarro?, se preguntaba taciturno.El Vuelabajo pensó entonces en el carrito a rulemanes que le había hecho cuando era el gordito de la barra, y nadie lo dejaba jugar dediez. "¡Con el carrito me siento Fangio, Vuelabajo!",le había dicho Pocho un día, mientras corría por la barranquita de Chiclana atropellando a las viejas que volvían del mercado. Sería por eso, quizás, tanta generosidad. El Vuelabajo estaba estupefacto.
Así, caminando, llegaron al almacén de Inclan y las Casas. Paco salió a la puerta para recibirlos. Pero cuando entró al local encontró todo oscuro.
"Chau -pensó- otra vez yeta: llego yo y se corta la luz". Pero no. Se encendieron todas las luces y ahí mismo, entre quesos, salames y mortadela, lágrimas y abrazos, el barrio entero leentregó la lata. Después de pagar la fianza, todavía quedaban como seis lucas. La Tana no dejaba de decir: "¡Mirácolo!", y el Vuelabajo no dejaba de llorar.
Cada uno recordó, mientras brindaban con la sidra más dulce del mundo, igual que si fuera Navidad, todas las pavadas que el Vuelabajo había hecho por ellos. La lista era tan larga: rodillas curadas, cacerolas emparchadas, palabras de consejo, autos reparados por el método "era una basurita en el carburador, no me debés nada".
El Vuelabajo creía que su vida había sido tan chata, tan inútil, sólo con los recortes y cuadernos con los que volaba por el mundo, y ahí estaba, encontrando la verdad de la que le había hablado la vieja.
El Vuelabajo creía que su vida había sido tan chata, tan inútil, sólo con los recortes y cuadernos con los que volaba por el mundo, y ahí estaba, encontrando la verdad de la que le había hablado la vieja.
Agarró la lata fuerte con las dos manos. Nunca había visto tanta plata junta. Se puso debajo del brazo la carpeta con la sentencia que lo liberaba, y se fue derechito a tramitar el pasaporte. Tal vez, ahora sí había llegado para él, el momento de volar.
Cati Cobas




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