
Peristilo Delgado acarreaba desde la cuna una mochila demasiado pesada. Comenzando por el nombre y apellido. Lo llamaron Peristilo, porque su madre lo echó al mundo en el ídem del cementerio de aquel pueblito perdido en medio del campo. Apellidarse Delgado, resultó, por lo menos, paradójico, porque su humanidad fue obesa y pobre desde la cuna (un cajón de verdulería,colchón de viruta de madera).
Así que ahí anduvo Peristilo, envuelto en grasa y viruta, viviendola infancia lo mejor que pudo, y ocupando en la cancha y en la vida el sitio de guardavalla. Era evidente, que para lo único que servía, era para atajar penales. Paño de lágrimas de compañeros de correrías, oreja fiel para su pobre madre, que lidiaba de mil formas para alimentarlo y educarlo, Peristilo halló consuelo, en sus actividades como siervo del Señor. La iglesia cercana a su casa fue el refugio que encontró para sobrevivir. Comenzó como monaguillo, y llegó a sacristán a fuerza de repetir "si, Padre" a toda hora. Su magro sueldito le permitía subsistir y poco más, sumido en la más negra rutina y soledad, ya que, grasiento, atajagoles, solitario comecirios, no había mujer que agarrara viaje con el pobre Peristilo.
Hasta que un día, mientras el Padre Eusebio se despachaba con elsermón dominical, Peristilo escuchó las palabras justas: -"…debéis ser pescadores de hombres". Y se le prendió la lamparita. El próximo domingo, no se bañó con jabón blanco, como hacía siempre. Buscó jabón perfumado, y hasta se puso desodorante. Cuando terminó de encender las velas en el altar, subió al campanario de la iglesia, llevando la caña, con la que habitualmente pescaba algún sábalo en el río cercano. Y ahí nomás se puso a pescar. Justo pasaba por ahí Mamerta Pardela, que había decidido ir a rezar una novena a Santa Rita (la Santa que da y quita), ya que no encontraba un novio en todo el pueblo ni en los alrededores, por más que lo buscaba con empeño. Peristilo la enganchó por el calzón con puntillas, en el momento preciso en que subía las escaleras. Él había soñado con Mamerta desde la más tierna infancia, y ahora la estaba izando, como a la bandera, hasta la torre. Mamerta se soltó del anzuelo, sorprendida, para caer en los brazos de Peristilo, y éste le explicó el verdadero sentido que tenían para él las palabras del sermón del párroco.
A Mamerta, dientes blancos, culo gordo, le pareció que había estado inteligente el mozo, y ahí nomás se acollararon. Los casó el padre Eusebio, y los instó a dar a luz por lo menos media docena de Peristilos y Mamertitas, para gloria e inmortalidad de sus consejos.
Cati Cobas




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