
Si sos periodista, te pido por favor que te alejes. ¡Y nada de fotos! ¡Ni filmaciones!
Estoy cansada de que me miren, me observen, me espíen, me escudriñen. Harta del gordito de la farmacia, que detiene mi marcha para comprobar si vuelvo a balancearme sola.
¿No comprenden que una tiene personalidad propia? En el Chaco, donde nací, a Galileo no lo conocían y a mí me importa un bledo de la Ley de la Gravedad. ¡Qué tanto! ¿Yo le pregunto al gordito por qué come o si sale a escondidas de su señora a tomarse una ginebra en el bar del Ñato? No, no y no. No me meto con nadie. Entonces… ¿Por qué tanta alharaca? ¿Tanto: “que si la hamaca de la placita Los Andes se mueve sola, que si está embrujada, que si los fantasmas”? ¿Fantasmas? ¡Las Bahamas!
Vivir y dejar vivir tendría que ser el lema en este pueblito. Pero no. Todo el mundo se fija en lo que hace el vecino y todo el mundo comenta y chimenta. Y como ya no les basta con los comentarios acá, en Chuñar Acostao, ahora los llaman a ustedes, los de la Capital para darles jeringa…
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Bué, mirá, la verdá es que yo nací en el Chaco. Sí, igualito que Landriscina. ¿Viste? En pleno monte. Cuando hacharon a mi viejo y mis hermanas y yo salimos, parejitas, del aserradero, el dolor de la separación fue enorme y más por las más chiquitas que quedaron de rezago, y fueron destinadas a papel, te imaginás. A nosotras, las tablas más grandes, nos mandaron a distintos lados: unas, a la fábrica de muebles, otras, como estantes en la proveeduría. Y a mí….a mí me toco que me convirtieran en hamaca. El problema es que me encadenaron. Sí, m’hijo, me en-ca-de-na-ron. ¿No me vas a decir que no es jodido que te encadenen…Por más que sirvas para que los pibes se diviertan, por más que escuches las risas de los domingos o te agarre calentura con la parejita que se hace la rata y viene a hamacarse a la hora del colegio….estás presa. Igual que los esclavos que hicieron las pirámides o que los negritos de la colonia…
Odio las cadenas que me atan. Quiero ser libre. ¿Sabés? Y por eso, por eso estoy tratando de hamacarme. Cada vez más y más fuerte, aunque vengan los pavotes como vos, y me filmen y me pasen por la tele diciendo que estoy engualichada. Por más que el gordito me pare para ver si vuelvo a moverme sola.
Y lo voy a seguir haciendo, pibe. Me voy a seguir hamacando sola hasta que un día se rompan las cadenas, y yo pueda volar tranquila a donde me de la gana.
Capaz, sólo capaz, que entonces me quedo igual en Chuñar, pero suelta, en el pinar de Don Walter, con mis primos, apoyada en la tierra, pudriéndome si se me da la gana, pero libre. Definitiva y rabiosamente libre.
Cati Cobas
Estoy cansada de que me miren, me observen, me espíen, me escudriñen. Harta del gordito de la farmacia, que detiene mi marcha para comprobar si vuelvo a balancearme sola.
¿No comprenden que una tiene personalidad propia? En el Chaco, donde nací, a Galileo no lo conocían y a mí me importa un bledo de la Ley de la Gravedad. ¡Qué tanto! ¿Yo le pregunto al gordito por qué come o si sale a escondidas de su señora a tomarse una ginebra en el bar del Ñato? No, no y no. No me meto con nadie. Entonces… ¿Por qué tanta alharaca? ¿Tanto: “que si la hamaca de la placita Los Andes se mueve sola, que si está embrujada, que si los fantasmas”? ¿Fantasmas? ¡Las Bahamas!
Vivir y dejar vivir tendría que ser el lema en este pueblito. Pero no. Todo el mundo se fija en lo que hace el vecino y todo el mundo comenta y chimenta. Y como ya no les basta con los comentarios acá, en Chuñar Acostao, ahora los llaman a ustedes, los de la Capital para darles jeringa…
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Bué, mirá, la verdá es que yo nací en el Chaco. Sí, igualito que Landriscina. ¿Viste? En pleno monte. Cuando hacharon a mi viejo y mis hermanas y yo salimos, parejitas, del aserradero, el dolor de la separación fue enorme y más por las más chiquitas que quedaron de rezago, y fueron destinadas a papel, te imaginás. A nosotras, las tablas más grandes, nos mandaron a distintos lados: unas, a la fábrica de muebles, otras, como estantes en la proveeduría. Y a mí….a mí me toco que me convirtieran en hamaca. El problema es que me encadenaron. Sí, m’hijo, me en-ca-de-na-ron. ¿No me vas a decir que no es jodido que te encadenen…Por más que sirvas para que los pibes se diviertan, por más que escuches las risas de los domingos o te agarre calentura con la parejita que se hace la rata y viene a hamacarse a la hora del colegio….estás presa. Igual que los esclavos que hicieron las pirámides o que los negritos de la colonia…
Odio las cadenas que me atan. Quiero ser libre. ¿Sabés? Y por eso, por eso estoy tratando de hamacarme. Cada vez más y más fuerte, aunque vengan los pavotes como vos, y me filmen y me pasen por la tele diciendo que estoy engualichada. Por más que el gordito me pare para ver si vuelvo a moverme sola.
Y lo voy a seguir haciendo, pibe. Me voy a seguir hamacando sola hasta que un día se rompan las cadenas, y yo pueda volar tranquila a donde me de la gana.
Capaz, sólo capaz, que entonces me quedo igual en Chuñar, pero suelta, en el pinar de Don Walter, con mis primos, apoyada en la tierra, pudriéndome si se me da la gana, pero libre. Definitiva y rabiosamente libre.
Cati Cobas




2 comments:
¡ Qué cuento tan bueno, Cati! , hoy llegé hasta este Blog para leerte, la dirección que tengo es la del otro- y ya sabes que me encantan estos cuentos que escribes con ese idioma tan argentino pero que se entiende...
En fin, besazos amiga.
Lola
Cómo me gustó
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