<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-22137538</atom:id><lastBuildDate>Tue, 10 Nov 2009 18:03:30 +0000</lastBuildDate><title>Caticuentos</title><description>Ofrezco a mis lectores una selección de mis cuentos. Han sido publicados en www. Ficticia.com, Sensibilidades y Archipiélago. Y actualmente, en Iceberg Nocturno y Letras Libres.</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/</link><managingEditor>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>28</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-8823008280334927842</guid><pubDate>Thu, 25 Dec 2008 16:49:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-25T09:00:33.194-08:00</atom:updated><title>EL MANDATO (Presentado a Concurso Fundación Baleares Exterior)</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_pyXG367MhC0/SVO7ovPn9oI/AAAAAAAAHU8/mU8H7Hy9r_A/s1600-h/1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5283773096386885250" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 135px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_pyXG367MhC0/SVO7ovPn9oI/AAAAAAAAHU8/mU8H7Hy9r_A/s320/1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_pyXG367MhC0/SVO7ZC6tFkI/AAAAAAAAHU0/CcJMD81H8vs/s1600-h/2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5283772826789942850" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 237px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_pyXG367MhC0/SVO7ZC6tFkI/AAAAAAAAHU0/CcJMD81H8vs/s320/2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;“Y sólo las palabras, la memoria viva, los recuerdos,&lt;br /&gt;ahuyentan las palomas que vuelan hacia el aire&lt;br /&gt;y llevan el pasado entre sus alas”.&lt;br /&gt;Luís Alfredo Alcocer&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Prefacio&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El texto que sigue a este preámbulo es de carácter realista, y tiene su origen en una historia familiar de separaciones y silencios, de las tantas que existen en todo el mundo, relacionadas con la inmigración.&lt;br /&gt;Su autora es nieta de mallorquines por las cuatro ramas de su árbol genealógico.&lt;br /&gt;Sus abuelos paternos vivieron, a comienzos del Siglo XX, unos años en Argentina, donde nació su padre, pero retornaron a Campos, en Mallorca, para siempre, llevando, por supuesto, a sus hijos con ellos. Uno de los hijos, padre de la autora, nacido en Argentina, se repatrió nuevamente a su tierra natal al comienzo de la Guerra Civil Española, perdiendo el contacto con su familia de origen.&lt;br /&gt;Los abuelos maternos, también mallorquines, emigraron, también a comienzos del Siglo XX, y se establecieron definitivamente en Buenos Aires, trasmitiendo a su nieta la lengua ancestral así como el amor por todo lo balear.&lt;br /&gt;La autora logró recuperar sus raíces a través de la magia de Internet y de la radio y expresa vivencias y sentires con motivo de su primer viaje hacia Mallorca en septiembre de 2008.&lt;br /&gt;Nota: El texto está escrito en español rioplatense, de ahí la forma de acentuar ciertos verbos.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;El mandato&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Hincar en tierra raíces de almendro mallorquín pero florecer como seibo pampeano o, mejor, tal vez, como jacarandá porteño*. Un mandato, un sentimiento que me ha acompañado a lo largo de la vida. ¿Cómo decir de otra forma ese ser de “aquí” pero también de “allá”? Sólo otros dueños de una historia hecha de barcos y renuncias pueden comprenderlo. &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_pyXG367MhC0/SVO6zO6PwQI/AAAAAAAAHUs/vO-pF1OCpY0/s1600-h/papis.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5283772177174216962" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 213px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_pyXG367MhC0/SVO6zO6PwQI/AAAAAAAAHUs/vO-pF1OCpY0/s320/papis.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Hay que haber escuchado cientos de veces las voces de las islas, de sus olivos y su piedra clara, de sus devociones y sabores mientras se viste guardapolvo blanco y la radio explota en tangos o en acordes de zambas melancólicas, para vivir ese inexplicable cabalgar eternamente entre dos orillas.&lt;br /&gt;Reconozcámoslo: nadie saldrá indemne de balearidad en esta vida si desayuna en plena Ciudad de Buenos Aires, con pa amb oli* con tomate o merienda la sabrosa sobrasada hecha en casa “a la argentina”. Nadie podrá sentirse de una sola tierra si tuvo, desde siempre, dos idiomas, dos cancioneros y la eterna sensación de haber sido trasplantada.&lt;br /&gt;¡Ay, abuela Bet! De tu herencia, legado, patrimonio rescato tantas cosas…A vos te debo el saber que las montañas de tu tierra son más altas que el Aconcagua mismo cuando te lo enrostraba, victoriosa, en mi manual de cuarto grado. A vos, el disfrutar de la harina y de la sal, de la perfumada levadura y de la esperanza de asomarme a una olla de barro para descubrir si la masa había crecido suficiente. ¡Cuántas veces frente al mar bravío de nuestra costa sureña pensé en vos y en aquel otro mar eternamente azul que habías dejado por seguir, valiente, hacia tu estrella! Pero… ¿Por qué escribo esto a pocos días de volver hacia atrás por tu camino? ¿Por qué me interno en sentimientos y vivencias de tiempos tan lejanos a los míos? Falta, te digo, tan poco para que ésta, tu nieta “argenquina”, regrese a tu terruño. ¿Qué sentiré al pisarlo? ¿Será, tal vez, como “volver a casa”?&lt;br /&gt;¡Ay Marçall, el dulce abuelo! Si me parece que todavía puedo acariciar tu cabeza blanca de pelitos “así” de cortos, prolijitos. Es como si el repiquetear de tu martillo y clavos de hábil zapatero me hubiera sembrado de recuerdos. Vos, y tus rotograbados de La Prensa. Vos, y tus mitines en Parque Rivadavia, en Buenos Aires, a donde me llevabas a pasear muchos domingos en que los cuidados se invertían porque te enfrascabas en ditirambos políticos inacabables para olvidarte de mí, de mí que hoy te evoco a pocos días de conocer tu iglesia, sí, la de tu pueblo, a la que debés tu nombre venerado por todos los que nacieron de tu simiente bondadosa y tierna.&lt;br /&gt;¡Ay, papá! Decime: ¿Podré, tal vez, conciliar el sueño en la casa que te recibió cuando de aquí partiste? ¿Me cobijaré en la cueva que te cubrió cuando cuidabas las ovejas en la tierra roja y orgullosa, tan distinta de ésta, pampeana, negra y fértil, tan fácil de preñar con la semilla justa? ¿Podré, por fin, contemplarte, pincel en mano, escribiendo tu nombre en rebeldías en la pared de piedra blanca del molino? ¿Te veré dejar Mallorca y regresar a la Argentina, a esta Argentina que vaya a saber por qué designio tuvo que ser no solo cielo sino también valiente proa?&lt;br /&gt;Y a vos, mamá, que sonreís en silencio mientras armo el equipaje, que con la mirada decís: “desandá el camino por tus padres y abuelos y también hacelo por tus hijos”. Una parte de tu historia es isla de marès* y acequias. A vos, mujer, que dejás partir a ésta, tu hija, sin un reproche de soledad o de temores, a vos te digo que voy a volver con el consuelo impensado de un regreso que debió ser tuyo y de tu hombre. Tu hija cruzará el mar procurando sanar viejas heridas y de la mano del suyo cumplirá los mandatos familiares: habremos vuelto para cerrar el círculo que permaneció abierto durante casi un siglo. Podré, seguramente, decir: “Mamá: misión cumplida”. Las dos orillas ya tienen nuevo puente; las raíces atravesaron el fondo de las aguas y el lazo invisible ata, por fin, a todo aquello que había sido desatado.&lt;br /&gt;……………………………..&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_pyXG367MhC0/SVO6Wqq2wKI/AAAAAAAAHUk/aBJu-dCUDYk/s1600-h/Covas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5283771686409650338" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_pyXG367MhC0/SVO6Wqq2wKI/AAAAAAAAHUk/aBJu-dCUDYk/s320/Covas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Ha pasado ya un mes casi desde que comenzara a decir sobre el mandato. Es septiembre, primavera. Buenos Aires florece en azaleas. La ida y el regreso se cumplieron.&lt;br /&gt;Todo ha cobrado su sentido. Ya no importa en qué lado del mar estamos recordando. Mi primer amanecer contemplando el call vermell* desde la azotea de la casa familiar me devolvió el extraño misterio que tiene la Roqueta. En esa porción del Universo, rodeada por las aguas azules, sentí que había valido la pena vivir todas las historias. La Fuerza podía tocarse sin ser vista. El cielo, en el amanecer profundo de la tierra campanera, me devolvió, en pájaros y aromas y en las voces de los míos, la voz de mi padre soñando otros destinos hechos de libros y aventuras. Supe, sin palabras, que allí donde estuviera, mi presencia en la casa que lo vio partir, sanaba sus silenciosas añoranzas. Y esa mañana junto al mar, entre las rocas de Sa Ràpita me permitió recuperarlo entre las de mi querida Mar del Plata y comprender, por fin, por qué este lugar en mi Argentina era para él como La Meca.&lt;br /&gt;Pude palpar sus temores en las cuevas donde se protegía de la lluvia mientras pastaban sus ovejas o soñarlo, festejando a una muchacha, cerca de la cruz de la Plaza de los Tres Molinos. ¿Qué más te pediría, Vida?&lt;br /&gt;La iglesia de Sant Marçal, en Marratxì, se erguía, ambarina, en la tarde de domingo. Estábamos solos el abuelo y yo. Pude verlo a la salida de Misa mientras escuchaba las amonestaciones de su Párroco y caminaba a Son Verì para calentar sus manos en el fuego del invierno junto a los demás missatges*.&lt;br /&gt;Pude ver a la abuela Isabel tejiendo encaje en la puerta de su casa en esa calle de Ses Salines, mientras soñaba futuros rioplatenses plenos de vida pero, también, de añoranzas hechas espuma de ensaimada.&lt;br /&gt;Y el encuentro con los tres, acompañado a la distancia por la bendición silenciosa de mi madre, cerró el círculo que nunca se cerraba. Lo cerró, digo, en esa luna redonda, brillante y plateada que nos siguió por toda la isla de Mallorca en cada noche de los días que pasamos junto a ella. En los campos rojos, en las aspas de los molinos y en los estanques llenos de la bendición del agua. En las calas silenciosas y en las montañas de la Tramuntana. En mis lágrimas, plenas de gratitud hacia la Vida, derramadas, una a una frente a Nuestra Señora de Lluc, en su santuario. En los acordes de Chopin, en Valldemosa y en cada estalactita de las cuevas de Manacor y Porto Cristo.&lt;br /&gt;Y ahora, plantada en el Río de la Plata, más viva, más plena y más orgullosamente entera, como jamás estuve, propongo para mí contar a otros que las magias siempre existen y que la palabra puede convertir en realidad lo designado. Florecerán aquí, en azul, jacarandáes en noviembre y almendros, los más blancos, cuando comience allí el mes de enero. Y el azul y blanco de las flores me hará vivir en mi bandera las dos tierras que son mías: ésta, de río, obelisco, mate, tango, gauchos, chacarera y aquélla, en la que por un momento, un momento absolutamente único, pude vivir las vidas de quienes de allí partieron hechas mar, bolero, pagesia*, tierra muy roja, hojaldre y piedra de oro.&lt;br /&gt;El mandato se ha cumplido. Los que jamás regresaron a la isla, lo hicieron con mi nombre y de mi mano. Descansen en paz y sepan que, acompañada por la luna llena de septiembre, yo, su hija, su nieta, dejé allí y para siempre, un trocito de cada uno de ellos cuajado de amor y de nostalgia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*porteño: de Buenos Aires&lt;br /&gt;Vocablos en catalán:&lt;br /&gt;Pa amb oli: pan con aceite&lt;br /&gt;Marès: bloques de piedra característicos de las Islas Baleares&lt;br /&gt;Call vermell: tierra roja&lt;br /&gt;Missatges: asistentes jóvenes en una finca rural&lt;br /&gt;Pagesia: propio de la gente de campo de las Islas Baleares&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-8823008280334927842?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2008/12/el-mandato-presentado-concurso-fundacin.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pyXG367MhC0/SVO7ovPn9oI/AAAAAAAAHU8/mU8H7Hy9r_A/s72-c/1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-1139084614423634495</guid><pubDate>Sun, 13 Apr 2008 22:03:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-04-13T15:07:47.765-07:00</atom:updated><title>Un dragón muy posmoderno (finalista del Concurso de Narrativa Mallorca Fantástica 2008)</title><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_pyXG367MhC0/SAKDYHqzd1I/AAAAAAAACas/41nUSYmHuW4/s1600-h/drac%20siruell.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188854171082913618" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="188" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_pyXG367MhC0/SAKDYHqzd1I/AAAAAAAACas/41nUSYmHuW4/s320/drac%2520siruell.jpg" width="189" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Dedicado, con todo mi cariño,  a  Sebastià-Jaume y Pau-Emili Covas Giménez  y a sus primos Simon  y Alba  Stocker Covas&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí todos me conocen como “El Drac Siurell”, ya que con mi cuerpo de barro enjalbegado y mis pintas verdirrojas y azulinas, sumados a mi ser cuadrúpedo y a mi cola graciosa y curvilínea, hago honor a mi doble condición de animal fabuloso y de silbato. Debo reconocer que quienes me eligieron como mascota de “Mallorca Fantástica” han tenido una excelente idea, porque… ¿Quién mejor que yo para representar  un Festival de fantasía? Y… ¿Qué mejor que un siurell si el encuentro se realizará en la isla a la que llaman “La Roqueta”?&lt;br /&gt;Ser un dragón en el Siglo XXI parece un tanto anacrónico. ¿Verdad? Un dragón es un ser de las épocas en que príncipes y princesas viajaban en carroza y no en un jet. De esos tiempos en que para comunicarse con su pueblo, los monarcas publicaban bandos, pero no salían en la tele y, si querían fama, luchaban en algún torneo, pero no se fotografiaban en la revista “Hola”. Un ser para el que el concepto de “invernadero” era el de un sitio donde crecían las plantas y las flores y no el de  un “efecto” destinado a su total destrucción, como ocurre en este siglo tan complicado y tan contaminado. Pero asumirse -además de dragón- como un siurell mallorquín... ¡Es de-ma-sia-do, amiguitos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos conocéis a los dragones, imagino, pero si no sois mallorquines, tal vez no sepáis qué es esto del “siurell”. Bien, os diré que se trata de la figura de arcilla tradicional de Mallorca, que hace las veces de silbato. Ningún turista se va de aquí sin uno en la maleta y, aunque se considera una especie de juguete, hay quienes le atribuyen valores religiosos, mientras sostienen que sus orígenes se remontan a la edad de bronce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Será por todo lo antedicho que me siento tan a gusto en mi doble condición y, quizás, también por eso, he tenido la fuerza necesaria para sobrevivir a la aventura que, si me escucháis con benevolencia, os contaré a continuación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien sabéis que en las Islas Baleares, a las que pertenece mi querida islita, todo el verano es tiempo de holganza y de turistas. Cada cala, con su trozo de mar infinitamente azul, recibe a miles de visitantes que, cansados de los cielos grises de sus comarcas, vienen por nuestro sol y nuestra alegría. Lo que jamás imaginé es que este verano llegaría aquí un “viajero”, que, por representar yo a mis congéneres silbantes, me hiciera vivir lo que he vivido. (¡Y lo que he sufrido, amigos!).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En julio de este año, cuando el calor comenzaba a apretar, me hallaba yo en el Puig de Son Seguí, más precisamente en  la Ermita de la Pau, meditando un poco,  cuando se me acercaron un búho y un cernícalo para “avi” - sarme que se rumoreaba que en mis cuevas -¡sí, en mis cuevas, las “del Drach”, por supuesto!-había un visitante muy extraño, y que debía partir hacia ellas de inmediato. Traté de emprender vuelo. Pero como todavía la arcilla de mi cuerpo era muy nueva, el agua no se había evaporado lo suficiente y eso me hacía muy pesado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis amigos voladores llamaron, con urgencia, a todos sus parientes alados para que me auxiliaran, llevándome a destino colgado de sus picos. Los comedidos debieron recurrir a tórtolas, gaviotas y carboneros. Hasta algún vencejo real fue de la partida, y esa ayuda me permitió llegar en un tris tras a las cuevas, que pertenecen a mi familia desde tiempo inmemorial, por lo que en ellas todos me respetan, en mi carácter de adalid de su defensa como patrimonio mallorquín inestimable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al entrar en el recinto prodigioso que la Madre Naturaleza nos regaló de modo casi mágico, quedé más tranquilo: sólo había turistas extasiados y boquiabiertos. Unos cuantos noruegos, por allí y unos alemanes, por allá, disfrutaban las formas de las entrañas de la Tierra, sus colores y la música en el lago, pero nada más. Todo parecía tranquilísimo. Me dediqué, entonces, a solazarme entre estalactitas y estalagmitas cuando llegó, de pronto, a bordo de una barquita con turistas, un personaje muy extraño con cuerpo completamente humano, pero con la cabeza, de un toro digno de la mejor corrida que os podáis imaginar (aunque, a decir verdad, detesto la tauromaquia y todo lo que implica).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me froté los ojos dos o tres veces, pero mis manchitas se erizaron de susto, convirtiéndose en lunares multicolores, como cada vez que me encuentro cerca del peligro. Empecé a pensar que el engendro sería algún turista trasnochado, que había llegado a las cuevas directamente desde la discoteca, dejando colocada sobre su rostro la máscara taurina con la que se había disfrazado la noche anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El esperpento no me dio tiempo a nada: saltó de la barquita, y se me abalanzó, tomándome muy fuerte por la cola. Tan violentamente lo hizo, que casi quiebra mi marca registrada (ese trocito color tierra que todos los alfareros dejan sin blanquear en los siurells para que quien los sopla pueda colocar ahí sus labios sin llenarse de pintura).&lt;br /&gt;Bien pensado: ¡ése sí que me hizo “sonar”! Sin darme tiempo a nada, me tomó con extraordinaria furia, y a la voz de “¡El que pega primero, pega dos veces!”, me arrojó contra uno de los reflectores que iluminan las cuevas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un dragón del siglo XXI, un dragón muy pos-moderno: la agresividad gratuita me deja anonadado. Cuando pude reponerme del golpe y la sorpresa, aún bastante aturdido, comencé a pensar en mi agresor, y ahí se fue haciendo la luz en mi cerebro (muy de a poco, porque el golpe me había dejado con la mente bastante confundida).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se trataba de un turista, ni de ningún portador de caretas trasnochadas. ¡Era el mismísimo Minotauro, el legendario Minotauro de la Isla de Creta, también mediterráneo como yo, pero infinitamente más antiguo y belicoso! Aquél antropófago, castigo de los dioses, que había vuelto loco al arquitecto Dédalo, quien logró encerrarlo en su Laberinto. Aquél, al que todos creíamos vencido por Teseo mediante el ingenioso ardid del hilo de Ariadna. Me pareció, entonces,  que no estaba tan muerto el hombre-toro como contaba la mitología o que había regresado del averno, luego de purgar la culpa por comer tanta carne humana, en su momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me serené inmediatamente. Los siurells estamos hechos de barro, y eso nos aporta una calma  muy especial ante las dificultades porque sabemos que para preservarnos de nuestra fragilidad debemos conservar la sangre (perdón, el agua) lo suficientemente fría. Por eso traté de preguntar al Minotauro, con el hilo de voz que me quedaba, cuál era la causa de la brusquedad de sus modales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“He oído que vosotros, los mallorquines, os adjudicáis el origen del siurell. Aunque en esta isla los silbatos se conocen desde hace varios siglos, vengo a disputaros el cetro que os sindica como  inventores de tan particular creación, muchachito”, bramó, burlón y odioso, el Minotauro. El Minotauro decía que los siurells habían sido creados en Creta en los albores de la civilización y no en Mallorca, como es la verdad más verdadera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba consternado. ¡Nada menos que el temible guardián del Laberinto  venía a disputar la originalidad de mi nacimiento y del de todos mis hermanos! Claro que, tal vez, en su isla hubo otras figuras de arcilla semejantes y que nosotros, los silbatos mallorquines, hemos cambiado mucho nuestra fisonomía para adaptarnos a los tiempos que corren. Ya no somos todos payeses o animales simplísimos. Es verdad, también, que se ven en la actualidad siurells con formas y tamaños inverosímiles, alejados de los diseños primitivos, pero de ahí a disputar nuestro origen mallorquín. ¡Habráse visto desfachatez, la del cretino (perdón, la del “cretense”)!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un mallorquín de ley (y yo lo soy) no se rinde jamás, aunque sea pos-moderno y pacifista. Acostumbrado a invasiones y piratas, al mar embravecido y a borrascas, cuando siente que sus fuerzas no son suficientes para vencer al enemigo, recurre a la picardía y a la astucia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mirando muy, muy fijo al caníbal reciclado, le propuse, acompañando la propuesta con un simpático silbido, dirimir la cuestión sin golpes y sin coletazos: con un civilizado concurso de preguntas y respuestas televisado y dirigido “en cadena” a todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Minotauro pareció descolocado. Jamás imaginó que podía convertirse en una superestrella de la tele. En cambio, yo nací como mascota publicitaria y para mí esto de los “medios de comunicación” es pan comido: me siento en ellos  como pez en el…bueno, como dragón, en su cueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El monstruo aceptó el trato, y así fue como participamos del programa con mayor audiencia del verano 2007: “¿De quién es nuestro siurell?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las preguntas versaron sobre todo lo relacionado con la historia de los siurells y también sobre la alfarería, de la que hay antiquísimas tradiciones en Mallorca. Pero como el Minotauro era solamente experto en comerse gente, perdió el concurso, en el que yo me lucí con mi sabiduría más contundente. Y todo el planeta sabe ahora que el siurell es tan mallorquín como la ensaimada, la sobrasada y el tumbet. ¿O hay alguno de vosotros que tenga ganas de desafiarme en un nuevo concursito?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Desearéis saber qué fue del Minotauro? Pues huyó, muy humillado, luego de su rotundo fracaso. Y parece que ha conseguido trabajo en Ibiza, donde actúa en una discoteca, para solaz de los turistas, que creen, al verlo, que se trata de un  noruego extravagante, con la máscara puesta a toda hora, la que no se la quita ni para asearse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es como yo digo, amiguitos. La Pos-modernidad tiene sus ventajas porque, si no fuera por la tele, los concursos y mi ingenioso y pacifista espíritu, a esta altura, tal vez, yo sería  un simpático recuerdo y no la orgullosa mascota del Primer Festival de Fantasía y Ciencia Ficción de las Islas Baleares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cati Cobas&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-1139084614423634495?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2008/04/un-dragn-muy-posmoderno-finalista-del.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_pyXG367MhC0/SAKDYHqzd1I/AAAAAAAACas/41nUSYmHuW4/s72-c/drac%2520siruell.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-6176871756499523060</guid><pubDate>Tue, 25 Mar 2008 10:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-25T03:35:33.772-07:00</atom:updated><title>La hamaca y el periodista</title><description>&lt;a href="http://farm1.static.flickr.com/41/82037051_3bac1092e2.jpg?v=0"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 275px; CURSOR: hand" height="192" alt="" src="http://farm1.static.flickr.com/41/82037051_3bac1092e2.jpg?v=0" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si sos periodista, te pido por favor que te alejes. ¡Y nada de fotos! ¡Ni filmaciones!&lt;br /&gt;Estoy cansada de que me miren, me observen, me espíen, me escudriñen. Harta del gordito de la farmacia, que detiene mi marcha para comprobar si vuelvo a balancearme sola.&lt;br /&gt;¿No comprenden que una tiene personalidad propia? En el Chaco, donde nací, a Galileo no lo conocían y a mí me importa un bledo de la Ley de la Gravedad. ¡Qué tanto! ¿Yo le pregunto al gordito por qué come o si sale a escondidas de su señora a tomarse una ginebra en el bar del Ñato? No, no y no. No me meto con nadie. Entonces… ¿Por qué tanta alharaca? ¿Tanto: “que si la hamaca de la placita Los Andes se mueve sola, que si está embrujada, que si los fantasmas”? ¿Fantasmas? ¡Las Bahamas!&lt;br /&gt;Vivir y dejar vivir tendría que ser el lema en este pueblito. Pero no. Todo el mundo se fija en lo que hace el vecino y todo el mundo comenta y chimenta. Y como ya no les basta con los comentarios acá, en Chuñar Acostao, ahora los llaman a ustedes, los de la Capital para darles jeringa…&lt;br /&gt;…………………………………………………………………………………………….&lt;br /&gt;Bué, mirá, la verdá es que yo nací en el Chaco. Sí, igualito que Landriscina. ¿Viste? En pleno monte. Cuando hacharon a mi viejo y mis hermanas y yo salimos, parejitas, del aserradero, el dolor de la separación fue enorme y más por las más chiquitas que quedaron de rezago, y fueron destinadas a papel, te imaginás. A nosotras, las tablas más grandes, nos mandaron a distintos lados: unas, a la fábrica de muebles, otras, como estantes en la proveeduría. Y a mí….a mí me toco que me convirtieran en hamaca. El problema es que me encadenaron. Sí, m’hijo, me en-ca-de-na-ron. ¿No me vas a decir que no es jodido que te encadenen…Por más que sirvas para que los pibes se diviertan, por más que escuches las risas de los domingos o te agarre calentura con la parejita que se hace la rata y viene a hamacarse a la hora del colegio….estás presa. Igual que los esclavos que hicieron las pirámides o que los negritos de la colonia…&lt;br /&gt;Odio las cadenas que me atan. Quiero ser libre. ¿Sabés? Y por eso, por eso estoy tratando de hamacarme. Cada vez más y más fuerte, aunque vengan los pavotes como vos, y me filmen y me pasen por la tele diciendo que estoy engualichada. Por más que el gordito me pare para ver si vuelvo a moverme sola.&lt;br /&gt;Y lo voy a seguir haciendo, pibe. Me voy a seguir hamacando sola hasta que un día se rompan las cadenas, y yo pueda volar tranquila a donde me de la gana.&lt;br /&gt;Capaz, sólo capaz, que entonces me quedo igual en Chuñar, pero suelta, en el pinar de Don Walter, con mis primos, apoyada en la tierra, pudriéndome si se me da la gana, pero libre. Definitiva y rabiosamente libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cati Cobas&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-6176871756499523060?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2008/03/la-hamaca-y-el-periodista.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-2234886576796999628</guid><pubDate>Tue, 25 Mar 2008 10:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-25T03:39:04.040-07:00</atom:updated><title>Pancho, el incomprendido</title><description>&lt;a href="http://farm1.static.flickr.com/107/303038282_68c11cc3fd.jpg?v=0"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 258px; CURSOR: hand" height="185" alt="" src="http://farm1.static.flickr.com/107/303038282_68c11cc3fd.jpg?v=0" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esta es la historia de dos barrios muy muy viejos y de Pancho, el incomprendido.&lt;br /&gt;Panchito estaba en el barrio de Las Latas desde siempre. Le parecía haber nacido con el adoquinado roto y los farolitos, que colgaban de los cables enredados bajo el cielo azul. Haber sido creado a partir de la paja de los techos y el adobe de las paredes de los ranchos. Quizás por eso nadie lo miraba demasiado o, tal vez, el problema era otro. Porque Pancho tenía un problema. ¿Saben? Un serio problema de comunicación. Él creía que hablaba claro y limpio. Que cuando decía "nube" todos entendían esa cosa algodonosa que andaba por arriba y a veces tapaba el sol o se disfrazaba de ovejita. Pancho creía que si decía "flor", sus vecinos iban a crear en sus cabezas el color, el perfume y la alegría y si decía "viento", todos iban a pensar en el gallito del techo de Doña Chola, la dueña de la casa de la esquina. Ésa que llamaban "La de la Veleta".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La realidad, la triste realidad, era distinta, pobre Pancho. Él decía "perfume" y a todos les olía a riachuelo podrido, "integridad" y se entendía "mezquindad", "delicia" y todos pensaban en la peor comida del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pancho estaba cansándose. Y pensando en mudarse a otro barrio porque para él, el problema lo tenían los habitantes de Las Latas. Él sabía muy bien lo que decía y lo que sentía y cuando decía "nube" era éso y no otra cosa… ¡Qué tanto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche, cansado de que todos lo miraran de costado o desde arriba, fue a ver a Domitila, una negra gorda que vivía en las afueras de Las Latas y que tampoco era muy bien vista por ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Decime, Domitila…¿Vos sabés qué pasa conmigo y la gente del pueblo? ¿Por qué no me entienden? ¿Por qué todo lo que diga los hace mirarme mal o como si fuera sapo de otro pozo?&lt;br /&gt;-Es que sos sapo de otro pozo, Panchito. Vos no naciste en Las Latas sino en Las Prímulas, más allá de la vía del tren y de la ruta. Pero te trajeron acá tan chiquito que te pensás que éste es tu lugar desde toda la vida- dijo Domitila tratando de ser lo más dulce posible.&lt;br /&gt;-¿Por eso nadie me entiende…?- respondió Pancho, con un gesto de tristeza apenas insinuado.&lt;br /&gt;-¡Por eso, m'hijo!- respondió la negra, tratando de acompañarlo en la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pancho fue a su casa y armó el atadito con las cuatro pilchas que tenía y comenzó a caminar despacito para el pueblo de donde nunca debió haber salido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las Prímulas le pareció un lugar de ensueño, con sus techos de tejas, sus veredas limpias y sus faroles que brotaban prolijitos del terreno sin cable alguno que los conectara, por lo menos en apariencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Panchito se sentó en un banco de la plaza y la gente comenzó a rodearlo y a preguntarle cosas. Lo mejor fue cuando Pancho se dio cuenta de que él decía "nube" y todos entendían esa cosa algodonosa que andaba por arriba y a veces tapaba el sol o se disfrazaba de ovejita. Decía "flor" y sus vecinos creaban en sus cabezas el color, el perfume y la alegría y si decía "viento", todos pensaban en el gallito del techo de Doña Berta, la dueña de la casa de la esquina. Ésa que llamaban "La de la Veleta".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pancho respiró. Aunque había vivido en el lugar equivocado, ya nunca más sería incomprendido. Lo suyo era un problema de ubicuidad y se había solucionado definitivamente…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue recién después de unos cuantos días que Pancho se encontró con Pepe. Se pusieron a conversar. Pero a Pancho, nada de lo que decía Pepe le gustaba. Sus oídos y su corazón escuchaban de Pepe solamente palabras desagradables. Fastidio, envidia, desazón, angustia…¿Qué pasaba? Pepe parecía un tipo de palabras sanas, sin embargo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, Pepe desapareció de Las Prímulas y dicen que dicen los que saben que lo vieron consultando a la gorda Domitila en las afueras de Las Latas.&lt;br /&gt;¿Alguien puede decirme si pudo averiguar qué se dijeron? Sería bueno que pudiera contarlo y que todos lo entendiéramos…¿Cierto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cati Cobas &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-2234886576796999628?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2008/03/pancho-el-incomprendido.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-596129758129652252</guid><pubDate>Thu, 03 Jan 2008 20:19:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-11T02:20:25.011-07:00</atom:updated><title>Encuentro en el fin del mundo</title><description>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5176411212969063266" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="216" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_pyXG367MhC0/R9ZOkohes2I/AAAAAAAABM0/rDFz7_3yE8o/s320/Petiso+orejudo.jpg" width="188" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.trendelfindelmundo.com.ar/"&gt;www.trendelfindelmundo.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La piel cetrina. Los ojos de rata. Esas orejas abiertas de par en par que enmarcan el rostro afilado en el mentón. Bajo de estatura y decididamente poco agraciado, mi compañero de asiento en e&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_pyXG367MhC0/RxjTfpyqOtI/AAAAAAAAAX0/e7M7JOkoZF0/s1600-h/El+tren+del+fin+del+mundo.jpg"&gt;&lt;/a&gt;l Tren del Fin del Mundo agrega a sus características físicas, un temperamento hosco y un hablar casi ininteligible.¿Por qué me habrá tocado compañía tan desagradable cuando todos parecen disfrutar de la de su vecino? Decido dedicarme a contemplar el paisaje, ignorando esa presencia y a disfrutar de la elegancia del vagón, con sus asientos tapizados en azul celeste y sus paredes de refulgente madera de cerezo.Me siento privilegiada por la posibilidad de estar en ese tren cuya locomotora a vapor tiene, por nombre, Camila -curiosa costumbre, la nuestra, de bautizar locomotoras; comenzando por la primera, “La Porteña”, cuyos hierros reposan en el Museo de Luján-pero no obstante, la incómoda proximidad del hombre hace que no pueda relajarme.Se anuncia la partida: “El tren más austral del mundo” saldrá, en instantes, de la estación de Ushuaia para llegar a la Terminal, cercana al Río Pipo, en el Parque Nacional de Tierra del Fuego.Mi mente febril echa a andar hacia atrás, comenzando por los Onas, viejos aborígenes, cuyas fogatas dieron nombre a esta región y continúa, al compás del traqueteo del tren, con la visión del prehistórico xilocarril (tren con vías de madera) que, por este mismo recorrido que ahora nos conduce por increíbles paisajes montañosos, llevaba, a principios del Siglo XX, los materiales para que los presos del Penal de Ushuaia construyeran su propio hábitat en estas soledades y, además, ganaran su sustento al cortar, engrillados, los árboles de los bosques aledaños para abastecer de leña y materiales de construcción a “la ciudad más austral del mundo”, que recién nacía. Esos mismos bosques de pinos y lengas crecen, aun, a la vera de la vía, en algunos tramos, y permiten adivinar, por la forma caída de sus ramas, el más tremendo frío en las nevadas más atroces.Sin embargo, dentro del coche hay calor de hogar y todo se siente absolutamente confortable. Mi compañero continúa mudo de toda mudez, pero percibo, cada tanto, una especie de gruñido sibilino que parece surgir de sus entrañas. “¡Qué tipo tan guarango!”, me digo.El guía habla y habla. ¿Por qué siempre los guías creen que el mucho hablar les da patente de sabihondos?, pienso.El traca traca y el aroma a café que llega del coche comedor me sumergen en una especie de letargo en el que las sensaciones van y vienen. No me sorprende el encontrarme, de pie, en el patio del Penal, observando, escondida detrás de una columna, la rueda de presos. El frío es tan intenso que dificulta mis movimientos. Mi compañero de viaje está en medio del embaldosado cuando pasa, maullando suavemente, un minino peludo y blando como un “Platero” felino. El de los ojos de rata lo toma en sus brazos, y lo acaricia, como para serenarlo. De pronto, ante la mirada asombrada de todos, toma la redonda y perfecta cabeza del gatito y la retuerce con saña, convirtiéndola en hélice alrededor del cuello. El micifuz no tiene tiempo ni para maullar por ayuda, y es arrojado al suelo con absoluta crueldad.¡Ya sabía yo que el tipo era raro! Esto me lo confirma sin lugar a dudas.Los otros presos rodean al matador. Lo arrojan al suelo a empellones y puntapiés. Lo escupen y, blasfemando, comienzan a golpearlo hasta que uno de ellos –el que parece más fuerte- retuerce su pescuezo como recién vimos que él hiciera con el gato.A veces el dolor nos adormece y otras nos despierta. El segundo es mi caso; de modo que cuando recupero la noción de realidad y me veo en el hermoso trencito, procuro retirar la mirada de mi compañero de viaje y el pensamiento, de mis alucinaciones. Las cercanías del cerro Susana, con su belleza inexpugnable, me hacen concentrar en ella y en la maravilla de los parajes que tiene Argentina, mi tierra. El hombre permanece en el coche, pero no parece muy interesado en cerro alguno.Regresamos, y cada uno de los pasajeros retorna a su hotel.Por la mañana decido hacer una visita a la Base Naval, justamente instalada en lo que fuera otrora el temible Penal, desmantelado hace ya muchos años.No hago más que pisar las baldosas del primer patio, cuando un pequeño gatito gris y suave acude, gracioso, a mi encuentro. Lo sigo, como si una fuerza misteriosa me hubiera capturado, hasta una sala de exposiciones. Ella contiene una muestra de fotografías que remiten al antiguo destino del lugar: la cárcel de Ushuaia. En una de las paredes puede verse una fotografía que flaco favor le hace a mi vecino de asiento en el trencito.&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_pyXG367MhC0/RxjTrJyqOuI/AAAAAAAAAX8/ywT2nHJKT0U/s1600-h/Petiso+orejudo.jpg"&gt;&lt;/a&gt;El epígrafe dice: ““Cayetano Santos Godino”, alias, “El petiso orejudo”. Buenos Aires, 1896- Ushuaia, 1944.Famoso criminal confeso de la muerte de cuatro niños y de tentativa de homicidio de siete más. Asesinado por sus propios compañeros como desagravio por el estrangulamiento cruel de la mascota del penal.”Alzo a mi amiguito cuadrúpedo, y lo acaricio, pensando que si alguna otra vez tomo el Tren del Fin del Mundo, compraré dos boletos como para asegurarme de que ningún señor orejudo y con ojos de rata me acompañe.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-596129758129652252?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2008/01/encuentro-en-el-fin-del-mundo.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_pyXG367MhC0/R9ZOkohes2I/AAAAAAAABM0/rDFz7_3yE8o/s72-c/Petiso+orejudo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-5201294979405993614</guid><pubDate>Wed, 11 Jul 2007 16:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-07-11T09:23:26.551-07:00</atom:updated><title>"Yo no quiero que nadie se imagine"</title><description>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_pyXG367MhC0/RpUD0OpHjUI/AAAAAAAAAJM/WdaTuuZR4YA/s1600-h/TN-reina-mora2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5085975550003481922" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_pyXG367MhC0/RpUD0OpHjUI/AAAAAAAAAJM/WdaTuuZR4YA/s320/TN-reina-mora2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"Yo no quiero que nadie se imagine&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;cómo es de amarga y honda&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;mi eterna soledad,&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;en mi larga noche el minutero muele&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;la pesadilla de su lento tic tac."&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Soledad, de Alfredo Le Pera y Carlos Gardel, 1934&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Eso, eso, como en el tango: yo no quiero que nadie se imagine cómo te extraño en estas tardes interminables de domingo. Ser "la otra" ya no se usa. Me pregunto cómo pude aceptar tu: "Sabés, chiquita, que de lunes a viernes me tenés para vos, pero el sábado y domingo son de la familia, otra cosa no puedo hacer".Tonta de mí. Pensaba que iba a conquistarte para siempre. Y ahora me encuentro más sola que nunca, mientras el sonido del reloj me vuelve loca. Mañana vas a estar acá sentado, haciéndome olvidar a puro beso la tarde de hoy, la amarga sensación de estar afuera de la vida de todos, de estar irremediablemente sola. Y vos, vas a seguir viviendo las dos vidas, absolutamente acompañado. Te odio. Pero me odio más a mí por aceptar este lugar, esta existencia, esta parodia de amor de día de semana&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;................................... &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Eso, eso, como en el tango: yo no quiero que nadie se imagine cómo te extraño en estas tardes interminables, en que te llamo a la oficina, y no te encuentro.Ser tu mujer ¿para qué? Me pregunto cómo pude aceptar tu:"Sabés, chiquita, que el fin de semana es para vos, pero de lunes a viernes soy un tipo consagrado al trabajo, otra cosa no puedo hacer".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tonta que acepté. Pensaba que encontrarías un ratito para romper la monotonía de mis tardes de tareas escolares con los chicos, el café con leche y la novela. Pero me encuentro más sola que nunca, mientras el sonido del reloj me vuelve loca. Mañana vas a estar acá sentado, haciéndome olvidar a puro beso, las tardes de la semana, la amarga sensación de estar afuera de tu vida, de estar irremediablemente sola. Mientras vos, vos, vas a seguir viviendo las dos vidas, definitivamente acompañado. Te odio. Pero me odio más a mí por aceptar este lugar, esta existencia, esta parodia de amor de sábado y domingo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;...................................&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Eso, eso, como en el tango.Yo no quiero que nadie se imagine cómo es mi soledad. Para eso, para que nadie se imagine, me reparto entre las dos, sin ser de nadie, ni de mí mismo. Para eso me invento las dos vidas, pero podría tener cien y no servir de nada. Sólo busco callar, de a ratos, mi angustia en esos cuerpos, en los que me hundo de lunes a viernes, o los fines de semana, sin encontrarme. Definitiva, y rabiosamente solo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Cati Cobas&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-5201294979405993614?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/07/yo-no-quiero-que-nadie-se-imagine.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_pyXG367MhC0/RpUD0OpHjUI/AAAAAAAAAJM/WdaTuuZR4YA/s72-c/TN-reina-mora2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-1370134603967895245</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 18:25:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-03T10:36:44.870-08:00</atom:updated><title>A TIEMPO (Mi primer cuento)</title><description>&lt;a href="http://www.ayacara.cl/Fotos1/viejitos.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 288px; CURSOR: hand" height="204" alt="" src="http://www.ayacara.cl/Fotos1/viejitos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Don Guillermo era amigo de la familia desde siempre. Vino a vernos a los pocos días de morir su esposa y era la persona más triste que puedas imaginarte. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;"Sin Encarna no voy a poder vivir, nada tiene sentido, ni siquiera los hijos o los nietos me importan..."&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No había nada que consolara su irremediable viudez. Ni los viajes, ni quedarse en la casa que le recordaba a su Encarnita, nada lo resarcía de "la pérdida irreparable".&lt;br /&gt;Pero, el amor, aún a los setenta, tiene caminos inesperados.&lt;br /&gt;Y Don Guillermo lo encontró...en la panadería.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella era, para el barrio "LASEÑORITAMANDA", así todo junto como si "Señorita" fuera el nombre y "Amanda" el apellido.La SEÑORITAMANDA, que iba a "La mimosa" todas las mañanas por su cuartito de figazas era maestra jubilada y vivía sola desde que sus padres murieron. Su rodete retinto y sus sesenta y dos virtuosos años comenzaron a conmoverse todos los días, en la fila del pan, cuando, un "buendíaseñoritamanda" de voz bien timbrada, a pesar de los años, la recibía exactamente a las nueve y cinco.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y así: "Buen día, Don Guillermo", "Buen día, señoritamanda", ella descubrió que su galán esperaba en la esquina verla desaparecer en el zaguán de su casa. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se citaron en "Las Violetas" a las cinco de la tarde y nunca volvieron a estar solos. Ahora tienen diez años más, pero el que los ve en "La Bristol" de Mar del Plata todos los veranos, comprenderá de inmediato que el amor les llegó tarde...pero a tiempo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Cati Cobas&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-1370134603967895245?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/tiempo-mi-primer-cuento.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-2551739721135679868</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 18:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-05-14T03:06:52.883-07:00</atom:updated><title>ANILLOS DE PLATA</title><description>&lt;a href="http://www.gallerydecorartive.com/alvar/pintora_meicana2s.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 249px; CURSOR: hand; HEIGHT: 199px" height="160" alt="" src="http://www.gallerydecorartive.com/alvar/pintora_meicana2s.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Marina no había vuelto a la Argentina desde que El Capicúa comenzara su primer gobierno, por eso, me puse tan contenta de verla en la cancel con la sonrisa de oreja a oreja de otros tiempos.&lt;br /&gt;Cuando nos sentamos en la galería a tomar fresco y a contarnos nuestras cosas, la vi un poco extraña, pero pensé que como hacía mucho que no charlábamos, era cuestión de tiempo y confianza, nada más.&lt;br /&gt;Y así fue. Después de contarme su vida allá en Mallorca, sus éxitos como pintora, de describirme con pelos y señales la casita de piedra junto al mar y la playa en la Colonia de San Jordi; después de contarle yo las penurias de cada día aquí por estos pagos, se fue tan rápido como había entrado. Pero antes me propuso un intercambio que acepté verdaderamente entusiasmada.&lt;br /&gt;Es que ella traía en el dedo anular de la mano derecha, un anillo muy raro, que parecía una cucharita de plata doblada por alguna fuerza poderosa, llena de misterio.&lt;br /&gt;Marina me dijo: _ ¿Qué te parece si me das ese anillo de la guarda india que tenés y te lo cambio por éste que te llama la atención?&lt;br /&gt;Acepté en seguida, por supuesto. Un anillo hecho en Mallorca era algo más original y diferente a las cosas que se veían por aquí. Tardé un suspiro en arrancarme del dedo el aro de plata con la guarda diaguita y mucho menos que eso en poner mi dedo en la cucharita enrollada.&lt;br /&gt;Esa noche, me fui a dormir como todas las noches, bien cansada, pero me levanté peor todavía.&lt;br /&gt;No me acordaba qué me había pasado pero me parecía haber bailado un bolero y comido ensaimadas. Lo dejé pasar.&lt;br /&gt;La noche siguiente, anduve por La Lonja y también entré al Castillo de Bellver. Otra vez me levanté agotada.&lt;br /&gt;Cuando la tercera noche del día tercero casi me ahogo al tirarme de un peñón frente al Mediterráneo azul turquesa, pensé que era hora de llamar a Marina aunque la llamada costara un ojo de la cara y preguntarle qué pasaba.&lt;br /&gt;Me respondió: _Nada, piba, ¿qué querés que pase?&lt;br /&gt;_Mirá, Marina, me están pasando cosas raras. Sueño con lugares que no conozco y anoche casi me ahogo en el mar. Me salvé porque se me enganchó el bretel de la malla en una roca.&lt;br /&gt;_¡Ah! piba, me contestó Marina, si es por eso, anoche, quedé reventada de bailar tango en un piringundín de mala muerte por San Telmo, así que no te quejés que por lo menos estuviste en un lugar de prima.&lt;br /&gt;Decididamente, la cosa estaba peliaguda. Me dí cuenta de eso después que Marina me contó del atracón que se dio dos noches atrás en Las Cuartetas, a pura pizza y fainá.&lt;br /&gt;Ahí me avivé, caí del nido, dije ¡Eureka! ¡Los anillos!&lt;br /&gt;Pero era demasiado tarde. El problema se ha hecho crónico. Tengo las manos hinchadas de amasar sobrasadas y a toda hora me escuchan en casa cantando: “copeo copeo, copeo salat, si tu no te turas yo estiq eturát”. En cuanto a Marina, ya no se dedica a pintora de caballete. En toda Mallorca la conocen como Estercita, la milonguera.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-2551739721135679868?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/anillos-de-plata.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-494671307451464249</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 18:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T02:42:07.395-08:00</atom:updated><title>AUTOAYUDA</title><description>&lt;a href="http://karaart.com/fartistes/colombia/p/botero.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 267px; CURSOR: hand; HEIGHT: 205px" height="215" alt="" src="http://karaart.com/fartistes/colombia/p/botero.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;No me imaginé nunca que me iba a pasar ésto. Cuando fui a ese grupode autoayuda para adelgazar rondaba los ciento cincuenta. Recuerdo que lo único que podía usar para abrigarme era el poncho rojo que mi papá había traído de Salta. Estaba tan, pero tan, sola y triste y angustiada…Pero me animé, porque me dije: "Julita, así no podés seguir. En cualquier momento el "cuore" te va a dejar de funcionar o ladiabetes y el colesterol van a terminar con vos". &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es que no podía dejar de comer. Todo me venía bien: milanesas -seis por lo menos-, varios platos de fideos con pesto, cuatro o cinco chorizos y mollejas y chinchulines el domingo...Porque ¿qué era un asado sin achuras? ¿eh? Nada: un asado sin achuras es insignificante, a mi no me llenaba ni una muela, era un aperitivo. Y los dulces… Aunque soy más del salado que del dulce, pero igual, nome digás que un arroz con leche… Bueno, unos cuantos platos de arrozcon leche. A mí con una compoterita no me conformabas.Y las tortas… ¡ay, mi perdición! La del cumpleaños de mamá me la comí casi toda yo porque la inmunda de Betty, mi hermana, era un palito de flaca, y encima, se cuidaba… en cualquier momento desaparecía. Sí, desaparecía en los brazos del tilingo ese que la esperaba a la salida del hospital. Yo no sé cómo la contrataron si con lo flaquita que era ni poder dar vuelta a los enfermos. En cambio yo, por más que salí primera en mi promoción, no conseguía trabajo ni de casualidad.La gente discrimina. A mí me veía así, gordita y en ningún lado me tomaban. Hasta en el colectivo se iban de al lado mío. Está bien, casi no quedaba lugar en los asientos para el otro, pero, no me digás que todos me tenían que dejar pagando sola, no, eso es discriminar y nada más. Y no te digo de novios… a Betty nunca le faltaron, y eso que ni de dónde agarrar. La verdad ¿no será anoréxica, digo yo? A veces también pensaba que esos anteojos culo de botella que yo tenía usar, por la miopía, digo, tampoco me ayudaban ¿no? Bueno, cuando llegué al grupo de autoayuda para gordos, ahí sí, ahí sí encontré una verdadera solución a mis preocupaciones. Eran gente humilde, de barrio, pero ¡qué corazón! Le alquilaban al Párroco un saloncito para poder reunirse, y juntaban la plata pagando, el que podía, un pesito cada uno. A mí, como no tenía trabajo, no me cobraron durante un montón de tiempo.Todavía no podía dejar de comer del todo, pero el cambio eranotable… ¡Cómo me ayudó esa gente! ¡Qué gente buena! Te llamabanpara recordarte que estabas a dieta, te citaban en el parque paracaminar -que al comienzo me daba vergüenza- pero, de a poco, como eldescenso de peso era directamente proporcional al ejercicio, dejé el poncho salteño, me puse el equipo de gimnasia -conseguí uno de milagro, la verdad- y a girar y girar horas en el parque. Te repito: ¡qué buena gente! ¡Qué contención me dieron! Una mano así no te la da nadie, ni los médicos. Es que en esos grupos todos tienen o tuvieron tu mismo problema y saben cómo ayudarte.La cuestión es que en un año más o menos, dejé de comer mal,adelgacé como setenta kilos, y ya pensaban en el grupo dónde hablarpara que me pudieran operar gratis la carne que me sobraba.Por esos día conseguí trabajo en el hospital. Claro, ya no me veía gorda y con los lentes de contacto era otra. Hasta me dio por broncearme. La verdad cada día estaba más linda. Una noche, en la guardia, lo conocí a Carlos. Una amiga del grupo me había dicho que si ponías a San Antonio en tu casa, cabeza abajo y cara contra la pared él te conseguía novio. Hasta en eso me ayudaron. ¡Qué buena gente! Por eso, cuando me dijeron si quería ser la tesorera del grupo no me pude negar. ¿Cómo les iba a decir que no, con lo que habían hecho por mí, si yo era otra? Carlitos siempre me lo decía. Y Betty, ni te cuento, estaba verde de envidia al verme tan linda y en pareja. Entonces, en las reuniones del grupo de autoayuda, me esforcé por cumplir con mi deber: el pesito se lo exigía a todo el mundo, me ponía en la puerta bien severa, y ni siquiera a los que veía que no podían pagar los perdonaba. Si no sos exigente te toman de estúpida…Yo había dejado atrás la pesadilla de la gordura gracias a toda esa gente, era justo que cumpliera bien mi obligación. ¿No?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La verdad, no te puedo decir cuándo me volvió el hambre. Más desenfrenada y voraz que nunca. De repente, empecé a tener deseos irrefrenables de comer y comer y comer. Pero pensé en todo lo que había conseguido, y me dije: "no Julita, así no, tenés que mantenerte. Necesitás alguna gratificación. ¿Por qué no un pequeño viajecito con Carlos a la costa, o ropa nueva, o peluquería?"&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando se dieron cuenta, el grupo le debía al cura un año de alquiler. Los echaron como a perros. Y por ese barrio andan todos gordos de nuevo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Decímelo a mí, que desde que Carlos me plantó yperdí el trabajo ya voy por los doscientos…&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-494671307451464249?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/autoayuda.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-676830647003445494</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 18:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T02:44:24.197-08:00</atom:updated><title>EL EXTRAÑO CASO DE LA MUJER-ÁRBOL (Alegoría)</title><description>&lt;a href="http://cursos.pnte.cfnavarra.es/~abalbueu/03RAICES.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand" height="221" alt="" src="http://cursos.pnte.cfnavarra.es/~abalbueu/03RAICES.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuentan que hubo una vez en Buenos Aires una extraña mujer-árbol con copa de seibo y raíces de almendro. Por un extraño encantamiento, mientras las ramas se estiraban alto, en busca del cielo azul celeste, el fin de las largas, larguísimas raíces estaba al otro lado del mar, muy, muy lejos, allá, por el Mediterráneo. Sucede que nuestra mujer árbol fue amamantada al compás de pasodobles y milongas, tangos, zarzuelas, boleros y chamamés, zamba y muñeiras, por lo que nunca supo a quién hacerle caso: si a su copa de follaje frondoso y verde, como los vastos campos que la albergaban, o a sus raíces, que le hablaban de una tierra salobre, pétrea, marina y desconocida. Pasó su vida sin poder resolver ese dilema. Preguntándose cuál era su verdad y buscando con ansia una respuesta, pues vivía con la terrible sensación de ser de dos sitios y ninguno. La eterna duda: ¿debía florecer en sangre roja o en blanco marino y transparente? Cuando creció recibió amor y compañía de un hombre-árbol que dudaba entre su copa de ombú y sus raíces de álamo y olivo. Unieron sus sombras y vivieron lo mejor que pudieron, pero siempre perseguidos por esas imperiosas preguntas que cada tanto los acosaban, sobre todo a la mujer, ya se sabe que los hombres, aunque sean hombres- árbol, se conforman, en muchos casos, más fácil con su suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, un muy buen día, se les apareció una señora que dijo ser: La Mágica Señora de la Sierra Mágina, aclaró entonces que esa Sierra pertenecía al mismo territorio donde se encontrban las raíces de la mujer- árbol; dijo además que venía a resolver, y para siempre, el intríngulis de nuestra protagonista con copa de seibo y raíces almendradas. No se trataba de cualquier señora, ésta era muy convincente y segura de sí misma. Su aplomo y señorío eran palpables y además, la acompañaba un caballero que hacía juego con las dotes de su dama. La mujer-árbol, incrédula, pensó que las magias eran sólo para niños o para que las escritoras inglesas se volviesen archiricas con ellas. Mas la Señora Mágica estaba absolutamente convencida y le obsequió a la mujer- árbol una mariquita rojinegra que, según la Señora, tenía poderes poderosos y encantados. El tal coleóptero era una reducción del traje favorito de la magna dama, ya que las señoras de Mágina se visten de farales y lunares y sería el encargado de obrar los sortilegios.&lt;br /&gt;Como estamos hablando de una mujer-árbol, podréis imaginaros que la mariquita se albergó muy cómoda en ella, hasta que sucedió algo inverosímil: la mujer-árbol se encontró de pronto en un sitio muy oscuro, rodeada de japoneses y venezolanos, sentada junto a la Señora, su caballero y el hombre ombú-álamo-olivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y comenzó a sonar el bandoneón con los más hermosos acordes de tango que pudo escucharse vez alguna, y, mientras nuestra mujer se dejaba acunar por esa música, pudo observar a la Señora de Mágina y a su Caballero entonando los tangos mejor que ella misma lo hacía. Sintió entonces nuestra protagonista que los hombres pueden ser de todas partes, y que no había que preguntarse tanto por qué sucedían ciertas cosas. No se sabrá nunca si fue la visita, lamariquita, o, quizás, la presencia de un sombrero y unos zapatos que bailaban solos la milonga, pero nuestra mujer-árbol acabó sus días floreciendo con rojas flores de almendro e insólitas flores de seibo, blancas como la espuma del mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-676830647003445494?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/el-extrao-caso-de-la-mujer-rbol-alegora.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-1892948256127345377</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 18:11:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T02:48:00.682-08:00</atom:updated><title>EL DUPLICADO</title><description>&lt;a href="http://feromono.com/Galerias/albums/Zodiaco_cuerpos_pintados/Zodiaco_corporal_Geminis.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 210px; CURSOR: hand" height="279" alt="" src="http://feromono.com/Galerias/albums/Zodiaco_cuerpos_pintados/Zodiaco_corporal_Geminis.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Descubrí a las primeras en un banco de la plaza mientras estaba de custodia en la farmacia de Don Pancho. Eran igualitas. Sólo que una parecía la copia de la otra, pero con demasiadas arrugas. El mismo pelo rubio descolorido, las mismas uñas largas y rojas, la misma forma desgarbada de sentarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después apareció otro par en el mercado. Otra vez las dos iguales. Pero éstas eran petizas, gordas y con anteojos de fondo de botella. La vieja llevaba apretado el monedero y la joven, la bolsa de las compras. Una bolsa tejida con sachés de leche trenzados al crochet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me crucé con la tercer pareja, otra vez una joven y una vieja, éstas lungas y flacas como la Olivia de Popeye, pero como calcadas con el Simulcop, decidí investigar qué estaba pasando en esa zona de Valentín Alsina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno no es cana porque sí, para algo me tragué la escuela de policía completita. Está bien que de zumbo no pasé, pero igual, algo se aprende de investigaciones.&lt;br /&gt;¿Por qué tenían que ser tan iguales? ¿Por qué? Digo yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las seguí hasta verlas desaparecer en el galpón del Tano.&lt;br /&gt;Ese día no hice nada. Las dejé que entraran y no las molesté. Pero volví a la noche. A Laura no le dije, porque tuve la sensación de que se iba a reír de mí. Esperé a que se durmiera y en cuanto oí el primer ronquido, me puse el gabán encima y salí de la pieza despacito sin hacer ruido.&lt;br /&gt;Caminé por el terraplén, hasta descubrir la silueta de la fábrica. Con la luz de la luna metía un poco de miedo, pero yo no soy cagón, así que me deslicé hasta debajo de la ventana y me puse a espiar a través de los vidrios roñosos.&lt;br /&gt;Lo único que se veía era una máquina. Enorme y vieja, que chirriaba en medio del silencio de la noche. Esa vez me tuve que rajar porque me pareció que se acercaba alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, cuando andaba de ronda con el patrullero, creí ver a las rubias de la plaza charlando con la gorda de anteojos más joven. Pensé: ¡Qué raro que se conozcan ésas! Pero Cacho, mi compañero, me habló de otra cosa y me distrajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la noche volví a la fábrica, a ver si sacaba algo en limpio. Golpeé la puerta. No llevaba ninguna autorización para entrar, pero me había dejado puesto el uniforme con la chapa y todo. En último caso, con algún sopapo lo arreglo, pensé. No iba a dejar que me pasaran, así, viviendo en mi zona, multiplicadas, repetidas sin que yo hiciera nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me abrió la flaca vieja, pero no me dieron tiempo. En seguida me rodearon. Hubieran sido muy buenas en mi laburo, la verdad.&lt;br /&gt;No me dieron tiempo, te juro. Me hicieron entrar de prepo en un cuartito donde había un cartel que decía: “Duplicados”, pero antes de entrar, me explicaron que era una tanga que habían encontrado unos chantas alemanes que vinieron al final de la segunda guerra. Cuando alguien no podía tener pibes lo metían en la duplicadora y chau. Lo malo era que a los pocos días la madre se veía como una piba al lado de la hija.&lt;br /&gt;A mí me metieron a empujones. Todavía no sé cómo pasó, pero no la puedo convencer a Laura de que ése que me sigue a todas partes no es mi viejo, sino que lo va a tener que querer como al hijo que no tuvimos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-1892948256127345377?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/el-duplicado.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-2692292165483299221</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 18:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T03:04:22.612-08:00</atom:updated><title>BIEN "DE BUTE"</title><description>&lt;a href="http://bermanart.com/images/500-piano2a.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bermanart.com/images/500-piano2a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hoy hace justo un año que murió Fernando. Sus amigos dicen que se fue de este mundo bien de bute.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola, tío, mirá, te llamo para avisarte, no sé cómo decirlo…Papá murió. Lo encontramos tirado en la cocina. Se estaba preparando el desayuno.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si. Tuve que saltar la tapia. La puerta estaba con la llave puesta.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-…Mañana a las ocho. Chacarita. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dicen también que extrañan su buena sombra de árbol bueno. Hay un piano mudo en la casa de Lugano. Allí armaba bicicletas porque tenía que comer, y escribía tangos porque era su forma de vivir. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Hola…si abuela. No, no sé. ¿Eso te dijo el tío? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Se debe haber ido unos días a Mar del Plata, con Moni.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Bueno, bueno, le digo que te llame. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Era incapaz de mentir o traicionar. Sus hermanos vaciaron la fábrica porque él sólo sabía de corcheas y de fierros pero no de números. Se resignó, sin lucha, a perder su parte por la que tanto yugó en ese galpón de Parque Patricios, y cuando pusieron la bandera de remate se refugió en el tallercito, donde apenas si ganaba el mango cotidiano. ¿Para qué pelear?, pensó. Ya fue. Lo suyo era el tango. Ahí sí tallaba. La foto de Di Sarli, al lado de la de Mirna, sobre la carpetita de crochet que ella dejó arriba del piano. Las noches de café y lunfardía. Sol do mi. Dos por cuatro y varios ceniceros. Cinco hijos y solo. La vejez tiene estas cosas. No eran malos los chicos, pero cada uno tenía su vida hecha. No le gustaba estorbar. Una visita cada tanto, una tarde de domingo compartida con los nietos, y jazmines a la vieja que, viejísima, pero lúcida y despierta lo esperaba infaltable cada semana.&lt;br /&gt;-¿Qué tal abuela? ¿Cómo andás?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Cómo? Vos sabés muy bien cómo es el viejo. Me extraña que los tíos te digan eso.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No, no les debe nada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Ingrato? No. Ya sé que cumpliste los noventa.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Se le habrá pasado&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;…&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No, Moni no tiene teléfono. Bueno, te dejo. Si, le digo cuando llame. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fernando se ponía el saco y a San Juan y Boedo. Cualquier piano le venía bien. Los poetas le alcanzaban letras, y él les regalaba música a los versos. Ellos no eran Discepolín, ni Fernando era Canaro, pero no importaba. De noche y en la sombra se sentía el mejor, seguramente. Tuvo que conformarse con muy poco y se fue como vivió, sin molestar y bien de bute, como dijeron sus amigos. Desplomándose una mañana en la casa de Lugano mientras calentaba el agua para el mate, como corresponde. Sin engañar ni traicionar a nadie.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si abuela. Bueno. Está bien. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Cómo? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si, ¿que va a estar siempre en tu corazón? Bueno, le digo. Un beso. Chau. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;-Y ahí se va a quedar abuela, eso seguro.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-2692292165483299221?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/bien-de-bute.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-6073747815992343999</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 17:59:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T03:07:59.556-08:00</atom:updated><title>PERISTILO DELGADO</title><description>&lt;a href="http://www.reservaer.com.br/saude/figuras-saude/gordos.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 193px; CURSOR: hand; HEIGHT: 231px" height="231" alt="" src="http://www.reservaer.com.br/saude/figuras-saude/gordos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Peristilo Delgado acarreaba desde la cuna una mochila demasiado pesada. Comenzando por el nombre y apellido. Lo llamaron Peristilo, porque su madre lo echó al mundo en el ídem del cementerio de aquel pueblito perdido en medio del campo. Apellidarse Delgado, resultó, por lo menos, paradójico, porque su humanidad fue obesa y pobre desde la cuna (un cajón de verdulería,colchón de viruta de madera). &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así que ahí anduvo Peristilo, envuelto en grasa y viruta, viviendola infancia lo mejor que pudo, y ocupando en la cancha y en la vida el sitio de guardavalla. Era evidente, que para lo único que servía, era para atajar penales. Paño de lágrimas de compañeros de correrías, oreja fiel para su pobre madre, que lidiaba de mil formas para alimentarlo y educarlo, Peristilo halló consuelo, en sus actividades como siervo del Señor. La iglesia cercana a su casa fue el refugio que encontró para sobrevivir. Comenzó como monaguillo, y llegó a sacristán a fuerza de repetir "si, Padre" a toda hora. Su magro sueldito le permitía subsistir y poco más, sumido en la más negra rutina y soledad, ya que, grasiento, atajagoles, solitario comecirios, no había mujer que agarrara viaje con el pobre Peristilo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hasta que un día, mientras el Padre Eusebio se despachaba con elsermón dominical, Peristilo escuchó las palabras justas: -"…debéis ser pescadores de hombres". Y se le prendió la lamparita. El próximo domingo, no se bañó con jabón blanco, como hacía siempre. Buscó jabón perfumado, y hasta se puso desodorante. Cuando terminó de encender las velas en el altar, subió al campanario de la iglesia, llevando la caña, con la que habitualmente pescaba algún sábalo en el río cercano. Y ahí nomás se puso a pescar. Justo pasaba por ahí Mamerta Pardela, que había decidido ir a rezar una novena a Santa Rita (la Santa que da y quita), ya que no encontraba un novio en todo el pueblo ni en los alrededores, por más que lo buscaba con empeño. Peristilo la enganchó por el calzón con puntillas, en el momento preciso en que subía las escaleras. Él había soñado con Mamerta desde la más tierna infancia, y ahora la estaba izando, como a la bandera, hasta la torre. Mamerta se soltó del anzuelo, sorprendida, para caer en los brazos de Peristilo, y éste le explicó el verdadero sentido que tenían para él las palabras del sermón del párroco.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;A Mamerta, dientes blancos, culo gordo, le pareció que había estado inteligente el mozo, y ahí nomás se acollararon. Los casó el padre Eusebio, y los instó a dar a luz por lo menos media docena de Peristilos y Mamertitas, para gloria e inmortalidad de sus consejos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-6073747815992343999?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/peristilo-delgado.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-5037320710143928962</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 17:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T03:44:03.510-08:00</atom:updated><title>LA PESTITA</title><description>&lt;a href="http://www.tucotillon.com/images/pelucas/F24576.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand" alt="" src="http://www.tucotillon.com/images/pelucas/F24576.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Verano en Buenos Aires. Boedo. Hora de la siesta. "¡Laponia, Laponia helados!", llama el heladero, y opone en el pregón la frescura del helado al viento caliente que mueve las hojas de los plátanos. Un alguacil sobrevuela la escena y huye del acre olor a acaroína con el que los vecinos pintaron los troncos de los árboles y el cordón de la vereda para alejar el fantasma de la polio. Se acerca el Carnaval. El camioncito avisa : “hay baile en San Lorenzo”…”damas, gratis” Las abuelas no sacaron sus sillones a la calle: todavía es muy temprano, y espían a través de las celosías entornadas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Vamos a dar una vuelta a la manzana? ¡Dále, che! &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡No! Pará. Si hay que pasar por lo de la Pestita yo no voy. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-A esta hora no está…llevemos las bicis. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿La bici? El otro día me rompió el manubrio y le echó la culpa a Gustavo, el que alquila la sala en casa de la Tana. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Ése, santo no es. A mí me rompió las tacitas que me trajeron los Reyes. Pero el manubrio, fue ella seguro, de envidiosa… &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Santo Temor les inspira la Pestita, Laura para la Pila Bautismal. Vive con unas tías al fondo del inquilinato de Doña Pilar. El padre la dejó con ellas porque su mujer los plantó de un día para otro. Pero los chicos no entienden de traumas psicológicos… Peticita y rubia, hipnotiza a sus víctimas con la fría mirada de sus ojos de rata. Flaquita y movediza ataca y escapa veloz. No da tiempo a devolver el golpe, a vengar el arañazo. Lo que más enoja es esa facilidad para escapar y dejar el honor de todos mancillado, hecho pedazos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Me contó Vivi que el otro día, se le metió en la casa sin permiso y cuando la madre la echó, la insultó de arriba abajo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Pero, si la mamá de Vivi es bravísima. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si, pero la Pestita dice que el padre de ella es oficial de policía. La indignación aumenta como el calor de la tarde. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nadie se anima a subir a las bicicletas. Recostada en el vano de la puerta, la diminuta silueta los congela a cincuenta metros. Los amenaza a distancia con su agitar de manos…ya está por atacar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Uy, uy, uy! ¡Ahí viene! &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Dale, escondete che! &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Y si en vez de escaparle la enfrentamos? No puede dominarnos para siempre… &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Tenés razón. Busquemos el palo de escoba con el que mi mamá traba la cancel. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Llamemos a Gustavo y a la Vivi. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Allá vienen la Negrita, Horacio y Ricardito! &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Uy, uy, uy! ¡Ahí está! -¡Escondete que ya llega! &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Esta vez sí que no se salva! &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Bien machucada queda la tal Pestita. Como un cuzco lastimado se escapa lamiendo sus heridas. Pero algo es cierto…el padre policía aparece amenazador y grandote, y pide cuentas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lope de Vega debe sentirse orgulloso, porque en Fuenteovejuna rediviva se convierte esa calle del barrio de Boedo perfumada con acaroína, mientras el fantasma de la polio ronda amenazante.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;A partir de este día y para siempre, todos la llamarán Laurita, la Modosa.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-5037320710143928962?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/la-pestita.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-7361741187970796578</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 17:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T03:47:17.619-08:00</atom:updated><title>LA TRASTIENDA</title><description>&lt;a href="http://www.lamodernacom.com/imagenes/fotos/productos_merceria_tn.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand" alt="" src="http://www.lamodernacom.com/imagenes/fotos/productos_merceria_tn.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me parece que tenía alrededor de nueve años. Más o menos tu misma edad.La tienda está todavía, en Centenera y Castañares, frente a la florería y sigue pareciendo detenida en los cuarenta.&lt;br /&gt;Era un salón grande, repleto de vitrinas de madera oscura, en los que prolija, casi obsesivamente, se guardaban artículos de mercería.&lt;br /&gt;Mamá y yo íbamos, después de la consabida "vueltita" por Asamblea, a buscar hilos, botones o cierres, según mamá, a precio de "pichincha". Pero...para mí, comprar allí tenía como precio el desconcierto y el miedo.&lt;br /&gt;Para empezar, debía abrir grandes los ojos en la viscosa penumbra y cerrar la nariz si no quería recibir, de golpe, el denso olor a humedad que se desprendía de cada dedal, de cada alfiletero...&lt;br /&gt;La vendedora me parecía una araña doméstica, verrugosa, bigotuda y tan viscosa como la penumbra y la humedad de su mercería.Procuraba de todas formas envolver a su clienta en una red pegajosa de insistencia y regateo abrumadores. Una vez que entrabas a la tienda, imposible irse sin comprar.&lt;br /&gt;La trastienda, de la que lo único visible era una mesa de madera oscura con patas torneadas y una silla de Viena, estaba separada del local por una cortina de cretona marrón con grandes flores rosadas.Ahí guardaba la insistente vendedora, su último recurso para el regateo: -"consultaré con papá el último precio"."Pero papá, no puedo vender este hilo perlé a ese precio, ése es el costo".-"La señora ofrece cinco pesos por la tafeta azul, ¿se la dejo?".Invariablemente, reaparecía con el hilo o la tafeta y la aprobación de la rebaja. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A mí me rebelaba ver a tamaña y bigotuda grandota, dependiendo en todo de un señor que ni siquiera se tomaba la molestia de conocer a sus clientas y, poco a poco mis nueve años de curiosidad y osadía, me hicieron reunir el suficiente coraje para deslizarme por detrás de la cortina de cretona marrón con grandes flores rosadas... &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mamá, ahora anciana, todavía recuerda el susto que recibió cuando me vio salir corriendo, por la avenida Castañares envuelta en la cortina que arranqué, desesperada por escaparme de la trastienda...donde sólo estaban la silla de Viena y la mesa de madera oscura con patas torneadas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-7361741187970796578?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/la-trastienda.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-6617081918978472309</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 17:41:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T03:49:10.566-08:00</atom:updated><title>EL VUELABAJO y VUELABAJO: EL REGRESO</title><description>&lt;a href="http://www.transatlantica.com.ar/images/fotos/foto_viajes_2.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand" alt="" src="http://www.transatlantica.com.ar/images/fotos/foto_viajes_2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El vuelabajo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vuelabajo estaba preso. Sí. Preso. Había soñado con conocer países lejanos. En San Juan y Boedo era difícil pensar en otros horizontes: sólo Pompeya y más allá, la inundación. La vieja, de chiquito, le había dicho, le había repetido hasta el cansancio: "volá bajo, porque abajo, está la verdad". Por eso, cuando algunos de la barra se metieron en política, o probaron trabajar en cosas que los volvieran ricos, él siguió con lo suyo: el laburo y María, nada más. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los pibes llegaron demasiado pronto,y María comenzó a engordar, ya no era la "mistonga florcita de lis", así que él, para no volverse loco, después del taller, se encerraba en la piecita de arriba y llenaba cuadernos Rivadavia con recortes de diario que hablaban de viajes. Empezó con los rotograbados de La Prensa a escaparse en sepia. Tuvo un lío bárbaro la vez que se quedó atrapado en un baño del Moulin Rouge porque pedía que lo sacaran para volver a casa, pero como el empapelado y él hacían juego, nadie lo veía.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La cosa mejoró cuando los suplementos de viajes comenzaron a venira todo color. Los que más le gustaban eran los de La Nación. Eran tan completos que pudo recorrer Estocolmo, Bombay y Estambul al hilo, en una sola noche. Cuando volvía, le repetía a María y a los chicos: "hay que volar bajo, porque abajo está la verdad".Y así, toda la familia seguía en una modesta y gris rutina sin salida, mientras él, a escondidas, vivía mil vidas cada noche.&lt;br /&gt;Todos se pusieron viejos. Los hijos se fueron a volar por su cuenta, bajito, como habían aprendido de él y María, que de volar bajo se había vuelto francamente gorda y arrugada, se murió. Fue entonces cuando el Vuelabajo decidió que no quería morir así él también, que por una única y gloriosa vez iba a volar alto, con ambición y sin límites, iba a volar muy alto, sin medir las consecuencias, sin importarle nada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo agarraron ahí mismo, en Ezeiza. El capitán del avión lo pudo reducir, y nadie creyó que el arma era de verdad cuando le pedía llorando, por favor, que lo llevara a dar la vuelta al mundo mientras le presentaba un cuaderno Rivadavia como hoja de ruta.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelabajo: el regreso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Glosario:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;"hacer una vaquita": juntar dinero entre varios&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;cinchas: elementos para ensillar al caballo&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;gaita: español&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;tano: italiano&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;luca: mil pesos&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;cafúa: cárcel&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;hondazo: golpe con una piedra arrojada con un tirachinas&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;yeta: mala suerte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¡El setecientos siete queda en libertad!", atronó la voz delguardia cárcel.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El vuelabajo no lo podía creer. ¿Quién habría pagado la fianza? Se enteró después de trasponer la última reja, acompañado de Jaime, el hijo del sastre, que era el abogado del barrio.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;"Hicimos una vaquita entre todos, ¿sabés?, le dijo el joven picapleitos, que, pese a la universidad, volvía a Boedo en cuanto se aflojaba las cinchas de doctor.&lt;br /&gt;La idea fue de Paco, el almacenero de Inclán y las Casas. Dijo el gaita que eras un buen tipo, que no podías quedarte así, en cafúa. Dejó en el mostrador una latita de duraznos con un tajo hecho con el cuchillo de los quesos, y todos íbamos poniendo lo que teníamos. ¿Te acordás de Pocho? ¡A ése sí que le fue bien vendiendozapatillas! ¡Si tiene una cadena de locales que sellama "Thinsports"! Sabemos que fue él, el que dejó en la lata un cheque como por quince lucas!"&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Vuelabajo caminaba despacito a su lado, como pidiéndole perdón a las baldosas por pisarlas. Tenía la cabeza en Ezeiza, en el papelón que había pasado cuando nadie le tuvo miedo y lo redujeron como aun mocoso. En el cuaderno Rivadavia que le habían confiscado como prueba del delito. Él sólo había querido volar alto por una vez, y de verdad, pero claro, lo bajaron de un hondazo.Y ahora el pibe -porque para él, Jaime seguiría siendo el pibe del sastre al que le devolvía mil veces por día la pelota, cuando se le caía en el patio del taller- venía a decirle que el barrio se había acordado de él, que le habían juntado la plata para sacarlo del encierro.&lt;br /&gt;¿Y el Pocho? ¿Por qué el Pocho había dejado tanta guita en eltarro?, se preguntaba taciturno.El Vuelabajo pensó entonces en el carrito a rulemanes que le había hecho cuando era el gordito de la barra, y nadie lo dejaba jugar dediez. "¡Con el carrito me siento Fangio, Vuelabajo!",le había dicho Pocho un día, mientras corría por la barranquita de Chiclana atropellando a las viejas que volvían del mercado. Sería por eso, quizás, tanta generosidad. El Vuelabajo estaba estupefacto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así, caminando, llegaron al almacén de Inclan y las Casas. Paco salió a la puerta para recibirlos. Pero cuando entró al local encontró todo oscuro. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;"Chau -pensó- otra vez yeta: llego yo y se corta la luz". Pero no. Se encendieron todas las luces y ahí mismo, entre quesos, salames y mortadela, lágrimas y abrazos, el barrio entero leentregó la lata. Después de pagar la fianza, todavía quedaban como seis lucas. La Tana no dejaba de decir: "¡Mirácolo!", y el Vuelabajo no dejaba de llorar. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cada uno recordó, mientras brindaban con la sidra más dulce del mundo, igual que si fuera Navidad, todas las pavadas que el Vuelabajo había hecho por ellos. La lista era tan larga: rodillas curadas, cacerolas emparchadas, palabras de consejo, autos reparados por el método "era una basurita en el carburador, no me debés nada".&lt;br /&gt;El Vuelabajo creía que su vida había sido tan chata, tan inútil, sólo con los recortes y cuadernos con los que volaba por el mundo, y ahí estaba, encontrando la verdad de la que le había hablado la vieja.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Agarró la lata fuerte con las dos manos. Nunca había visto tanta plata junta. Se puso debajo del brazo la carpeta con la sentencia que lo liberaba, y se fue derechito a tramitar el pasaporte. Tal vez, ahora sí había llegado para él, el momento de volar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-6617081918978472309?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/el-vuelabajo-y-vuelabajo-el-regreso.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-7131796286602144235</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 17:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T03:53:16.460-08:00</atom:updated><title>EL ÚLTIMO TREN (Una historia en capítulos)</title><description>&lt;a href="http://www.motoclub.com.co/fotosmasnoticias/lluvia.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand" alt="" src="http://www.motoclub.com.co/fotosmasnoticias/lluvia.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El último tren&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya sé que te pedí que me acompañes y si no quiero entrar, me empujes…Qué querés que te diga…tengo miedo. Un miedo atroz. No consigo sacármelo de la cabeza, y me golpea la boca del estómago. Yo sé que así no puedo seguir, si pierdo este tren ya no puedo subirme a ningún otro, pero se me revuelven las tripas cuando llego a esta puerta y me escapo inevitablemente. Empecé con esto, el día en que cumplí cincuenta años. Carmen me había preparado una fiesta sorpresa. Todas esas tonterías de gente escondida en el vestidor a oscuras, los globos las guirnaldas y el "que los cumplas feliz". Quise huir pero no pude. Me sentí un estúpido. Miraba a los amigos del colegio, a Carmen y a los botijas que ya tienen bigotes y hablan con voz de hombres y pensaba: ¿qué estoy haciendo acá? ¿Qué estoy haciendo con la gorda esta y la vida que se me escapa en una rutina inacabable. ¿Qué estoy haciendo acá, vestido con traje y con corbata? Si yo era un zurdo en mi juventud, si soñaba con cosas mejores para todos. Pero soplé las velitas y puse cara feliz. Pobre la gorda, se había matado preparando el agasajo. Hasta la torta con la camiseta de Peñarol, como para celebrar el cumpleaños de algún chiquilín. Lo peor fue la cara de mi mamá. Estaba tan orgullosa la pobre… Me di cuenta de que había errado el camino. Estaba convertido exactamente en lo que ella y el viejo soñaron para mí: un hombre gris. Un pobre, pobrecito hombre gris de oficina, un cualquiera, un don nadie, un pobre buen tipo con pinta de infeliz. Ni una aventura con una mujer me animé a tener en todos estos años. Me sentí un tonto. Yo, que conquistaba a todas, allá por los setenta, me había convertido en nada. Ahí me decidí. Iba a cambiar. Con suerte, me restaban unos quince años de salud. ¿Te fijaste que en las filas para cobrar la jubilación casi todas son mujeres? Nos exprimen y después se quedan con la casa y la pensión y se van a hacer turismo en dulce rebaño. Ahí sí que se divierten. Lo que antes había que repartir entre dos, lo emplean para ellas solas. Después del día de mi cumpleaños, me sorprendí mirándole las piernas a Cecilia, la del conmutador. Lo mejor fue cuando me di cuenta de que ella también me miraba de reojo. Un día, y otro, y otro más. Hasta que no aguanté, y la invité a almorzar. Total Carmen no tenía por qué enterarse. Mucho en común no nos unía, pero era un bombón, para comérsela. La pobre no tenía un centavo y no me resultó difícil seducirla. Quedamos para el viernes a la salida del trabajo. De ahí en más, los viernes fueron mi día de gloria. Mis cuatro horas en el paraíso. Con Cecilia sentía que volaba. Qué querés que te diga. La muchacha era preciosa, me hacía olvidar de todo. El problema fue cuando se enteró la gorda. No sé cómo hizo, te lo juro. "Ella o yo" fue la consigna. Como si fuera tan fácil.Al final me decidí y dije: dejo todo. Y empiezo otra vez. Me olvido de la próstata, del visonié, de los reclamos de la gorda. Me voy a vivir la última oportunidad. Y me fui. Con una maleta chiquita y el auto. A un departamentito que alquilé cerca del trabajo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La pena es que Cecilia, me acaba de anunciar que está de tres meses y medio… ¡A mi edad! ¡Otra vez panza y pañales! ¡Y noches sin dormir y mamaderas! ¡Y mujer en cuarentena!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;No, te digo, por eso, no quiero ni andar cerca de este lugar, donde me pide Ceci que venga, para iniciar los trámites de divorcio. Es que, apenas me acerco, siento el puñetazo justo acá, acá, en la boca del estómago…&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La carta de Cecilia&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Carta dirigida al Sr. Carlos Escouto y Sra., Mercedes, departamento de Soriano, &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Montevideo, 22 de diciembre de 2003&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Queridos viejos:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Cómo contarles lo que me está pasando? No sé, la verdad, por dónde comenzar. Ocurre que Ernesto (él se llama Ernesto), me invitó a salir hace un tiempo, aunque era mucho mayor que yo, me pareció que era tan bueno, tan amable, que no me importó la diferencia de edad. Me sentí protegida por él. Además, tiene una buena posición económica y, hasta ahora, ha sido generoso. Pude salir de la pensión, y estamos viviendo en un pequeño departamentito que alquiló cerca del centro. Ustedes saben que salir de allá, del pueblo, era muy difícil, y tampoco ustedes podían ayudarme, así que pensé, que era una buena oportunidad de mejorar en la vida. Ernesto no es ni demasiado feo, ni demasiado lindo, y, aunque a veces me resulta un poco aburrido, vivo con él mucho mejor que antes y voy a poder mandarles plata ya que, si sigo trabajando, el sueldo me va a quedar casi enterito.Eso sí, lamentablemente, Ernesto era casado. Pero no se asusten, ya se separó, y está iniciando los trámites de divorcio. Me dan un poco de lástima los hijos, ya que tiene dos varones de quince y diecisiete años, pero bueno, así es la vida. Igual, cuando los trae, yo los trato bien y creo que un poquito me quieren. Aunque me parece que pronto voy a tener que ponerles límite (ustedes me entienden), ya que están más cerca de mí por edad, que su papá.La verdad, viejos, esta carta es lo más difícil que escribí en mi vida. Tengo miedo que se enojen conmigo. Ustedes tenían tantas ilusiones de que su Ceci iba a triunfar en la ciudad y su Ceci les escribe para contarles que se juntó y algo más… ¿Cómo decirles, sin que se preocupen, que me fui a vivir con un jefe y que espero un hijo? Nacerá, si Dios quiere, en junio del año que viene.Me imagino que para ustedes todo es tan sorpresivo que, dicho así, de golpe, los habrá hecho sentarse y pensar que me volví loca.Pero no, estoy tratando de vivir y ser lo más feliz posible y ayudarlos también a ustedes. No me imaginé que iba a quedar embarazada, pero no me lo quiero sacar, y sé que este hijo nos va a unir cada vez más, con Ernesto.Bueno, queridos viejos. Cuando Ernesto se haya divorciado (que creo será muy pronto) y tengamos la fecha del casamiento, les mando la plata y se vienen unos días. Total, podemos poner algunas cobijas en el piso, y nos acomodamos.En cuanto junte unos pesitos, se los giro. Los quiero mucho, y no se preocupen por mí, que voy a estar muy bien. Con el cariño de su hija&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cecilia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demás está decir que hay otra historia&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El comedor diario en la casa de los Gálvez estaba triste esa mañana de domingo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Llovía. Una llovizna finita que pegoteaba los vidrios y envolvía todo el lugar. Ya hacía seis meses que Ernesto, el hombre de la casa, se había ido con Cecilia. Carmen, sin ganas, preparaba el estofado, mientras los muchachos, también con desgano, tomaban el café con leche.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Vieja, ¿hoy también tenemos que ir a ver al viejo?- dijo Pablo, el menor.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Yo no los obligo- respondió Carmen, que pelaba despacito los tomates, y los picaba con la cuchilla minuciosamente, en un apego especial a la seguridad que brinda la repetición de los pequeños hábitos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Pero papá quiere que vayamos-, agregó Lucio, como queriendo darse ánimo.Carmen, dejó el cuchillo en la mesada, y comenzó a llorar. Lloraba en gris y despacito, como la llovizna que inundaba el comedor diario de la casa de los Gálvez.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-La verdad chicos, no puedo creer que esto nos esté pasando- dijo Carmen mientras se enjugaba las lágrimas con el delantal de cocina.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Nosotros tampoco!- fue la poco original respuesta. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y los muchachos partieron a vestirse para ver al padre, tan sin ganas, como sin ganas Carmen les sirvió los fideos y la salsa. La rutina continuó en esa casa ese domingo y muchos otros. Siempre igual: fideos, estofado y visita de compromiso al padre. En el centro, la panza de Cecilia, se volvía luna llena, y el corazón de Ernesto se encogía de dolor y alegría simultáneos. No hubo divorcio. Carmen se negó rotundamente. Claro que llegó la vida de la mano de Camila. Camila, una beba gordita y sonrosada, le hizo olvidar a Ernesto el desamparo de Carmen y los hijos. Camila llegó para quedarse, y sedujo a sus medio hermanos a puro ajó y sonrisa desdentada.Vinieron los abuelos desde el pueblo y se tendieron las mantas en el departamento mínimo.Carmen leyó en los ojos de los muchachos que la batalla estaba perdida. Lo comprendió otro domingo, cuando los botijas (para ella siempre serían sus botijas), le dijeron que no los esperara hasta la noche tarde. Pese a todo, el departamento mínimo era un hogar, y Cecilia sabía hacerles sitio.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ese día Carmen firmó, en espíritu, la sentencia de divorcio, y decidió que la vida tenía que empezar de nuevo para ella. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-7131796286602144235?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/el-ltimo-tren-una-historia-en-captulos.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-9202133559109057758</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 17:25:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T03:55:33.400-08:00</atom:updated><title>NEMESIO CURIOSO</title><description>&lt;a href="http://ar.geocities.com/test_user_ar/heladera01.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand" alt="" src="http://ar.geocities.com/test_user_ar/heladera01.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Basado en un texto del inolvidable Wimpi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nemesio Curioso había nacido con una intriga existencial que le abrasaba el seso.&lt;br /&gt;Haciendo honor a su apellido levantaba la cabeza del moisés, como atisbando al mundo o jugando a la tortuga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ese vicio de la curiosidad no se le pasó ni en el jardín de infantes ni en la escuela. En cuanto las maestras se descuidaban, ahí andaba Nemesio, destripando las muñecas de las nenas y metiéndole el dedo en las fosas nasales al gato de la portera. Su lema favorito era: “quiero saber qué tiene adentro”.&lt;br /&gt;Flor de susto se pegaron todos en el secundario, cuando lo encontraron desmayado, el día que se rompió el frasco de formol que guardaba la yarará, en la Sala de Ciencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, curioso siguió siempre, pero había algo que lo mantenía en vilo: saber si la bombita de la luz de la heladera permanecía encendida o se apagaba cuando la puerta de la misma era cerrada.&lt;br /&gt;Nemesio se acercaba siempre a la puerta del refrigerador, objeto de su mayor curiosidad, pero la luz se mantenía encendida hasta que la goma tocaba el marco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nemesio Curioso estaba reventando con la intriga hasta que un día dijo: “tengo que averiguarlo sí o sí”.&lt;br /&gt;Fue a ver a una contorsionista que le enseñó el arte de enroscarse, y en cuanto pudo tomar forma lo suficientemente chica, como para caber en un estante de heladera, se metió adentro y cerró la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bombita se apagaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nemesio sintió que había logrado su objetivo en plenitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así lo encontró la señora que iba a realizar la limpieza de la casa: enroscado y hecho un paquete de carne congelada, pero con la curiosidad absolutamente satisfecha.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-9202133559109057758?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/nemesio-curioso.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-9078357141630469703</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 16:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T03:57:38.529-08:00</atom:updated><title>LAUTI, "EL REALIZADO"</title><description>&lt;a href="http://www.cinefantastico.com/alexispuig/vamps2.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 274px; CURSOR: hand; HEIGHT: 216px" height="216" alt="" src="http://www.cinefantastico.com/alexispuig/vamps2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Llegué a lo de Eugenio y Cora un lunes de marzo cerca del mediodía. La sala: impecable, como siempre. Tiempo atrás, mi cliente y amigo había decidido que no valía la pena pagar por una oficina, cuando en su casa, con una computadora y dos teléfonos podía manejar perfectamente los hilos de su empresa. Hacía mucho que no los veía y, pasé para que él firmara unos papeles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cora nos dejó sobre la mesa el café con esas masas tan ricas que sólo ella preparaba y se fue por la tangente, bah, por la escalera que sube a los dormitorios, con la peregrina intención de despertar a Lautaro, primogénito de los Alsina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Lauti me tiene cansado", me espetó Eugenio apenas nos quedamos solos. "Mirá que ambicioné grandes cosas para él, que siempre pensé que tenía muchas condiciones. Pero cumplió los treinta y uno y nada. Dice que trabajo no consigue. Se la pasa durmiendo o entrenando. Y eso que con Cora le decimos: "La vida pasa, Lauti, nosotros ya estamos viejos. Y tu madre, cansada de planchar camisas. Es hora de sentar cabeza, tener tu propia familia, hacerte un futuro"".&lt;br /&gt;"Pero este marmota: nada. "Viejo me voy a Mardel este fin de semana. Dame &lt;em&gt;guita&lt;/em&gt;". Como si fuera tan fácil conseguirla.&lt;br /&gt;A la facultad fue. Si hasta se recibió de contador, pero cuando le pido que me ayude con los papeles de la empresa, me dice que lo deje en paz, que tiene que ir al gimnasio. ¿Qué hago yo con sus bíceps y sus tríceps? Si por lo menos le sirvieran para ganarse unos mangos como pato vica, pero no, el tipo duerme hasta las dos de la tarde, y la madre le corre atrás con el huevo batido con azúcar para que no se le desnutra. La otra vez le pedí que me ayudara en una reunión con los compradores holandeses…se vino de ojotas y bermuda…Hay veces en que dudo. Me pregunto si Cora no me habrá puesto los cuernos y el padre verdadero de Lautaro es otro, porque a mí no sale para nada, viejo.&lt;br /&gt;No lo puedo creer, simplemente no me entra en la cabeza; a su edad yo ya estaba casado y él por nacer. El muy tarado tiene una novia…cibernética. No se vieron nunca. Vive acá nomás a quince cuadras, parece, pero prefieren el sexo virtual. Digo yo…cómo puede ser virtual el sexo. Claro, está el problema del sida, pero de ahí a bajarse la caña por computadora en vez de un buen polvo en vivo y en directo… ¡Hay que ser boludo!"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Eugenio se despachaba a gusto, yo pensaba en qué decirle, en cómo actuar en semejante situación, me devanaba la sesera para hacerle ver al pobre que comprendía su desgracia, concretada en ese hijo indolente, descastado. Buscaba en vano una opinión, algún consejo que sacara del pantano al matrimonio Alsina, algo que los rescatara de las “bondades” de su calamitoso engendro. Pero no se me ocurría nada. Hasta que, de pronto, surgió una idea brillante. Le propondría a Eugenio que me pagara unos pesos por llevarme a Lauti como empleado. De paso veríamos si se enganchaba a trabajar y, por otra parte, me vendría bien que alguien me diera una mano con las contabilidades de los tenderos de Avellaneda…los chinos andaban protestando porque se las tenía muy atrasadas. Tuve apenas tiempo de sugerírselo a mi amigo quien estuvo de acuerdo de inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos en esas tratativas cuando bajó Lauti precedido por Cora que, presurosa, se encerró en la cocina a prepararle un pantagruélico desayuno que puso, diligente, sobre la mesa del comedor. Lauti, tostado por la lámpara del gimnasio, ya que las horas de sol las pasaba, evidentemente, durmiendo, nos gruñó un buen día mortecino, se repantigó en su silla y se dedicó a comer de a uno, con una cucharita, los copos de maíz con leche que su madre le sirviera. Después del jugo de naranja, pensé que era hora de colaborar con Eugenio en el intento de levantar el nivel de actividad del muchacho por lo que sugerí: "¿Decime Lauti? ¿Te gustaría venir a ayudarme con unos balances que tengo atrasados?" Lautaro bostezó un bueh… y comenzó a rascarse la nuca mientras se desperezaba. "Te espero mañana a las ocho", le dije. Eugenio, apoyando mi propuesta le pidió:&lt;br /&gt;"Mirá hijo, si te vas a dedicar al trabajo, hacelo con ganas, con empeño. Cumplí por fin con aquello que te ha sido destinado. Es hora de que te realices, que concretes tus sueños más profundos. Si el amigo te lleva a trabajar será porque habrá pensado que sos capaz de cumplir en todo". Lautaro llegó en un taxi ocho y media. Pelo revuelto, jeans y buzo de algodón. Se había quedado dormido. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No saben la cara que puso Rocío, mi asistente, cuando el &lt;em&gt;pato vica&lt;/em&gt; desembarcó en la oficina y se desparramó en su escritorio.&lt;br /&gt;Rocío era el polo opuesto del pato vica metido a empleado de contaduría. Pelo largo, largísimo, piel blanca y ojos tan negros como la ropa con la que solía vestirse.&lt;br /&gt;Yo amaba a esa piba que algunas tardes me sacaba de la rutina de un matrimonio de muchos años en medio de biblioratos y balances. La amaba, pero no lo suficiente como para romper con Mónica, como para tirar por la borda familia e hijos.&lt;br /&gt;Rocío se entregaba mansamente a mis brazos y yo la compensaba con algunas mejoras en su nivel de vida. Mucho no era, pero la piba no se quejaba y todo seguía su ritmo sin trastornos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero volvamos a Lautaro. A medida que pasaban los días, se iba mostrando un poco más interesado en el trabajo. Eugenio estaba chocho y yo también porque tenía ayudante gratis. El viejo lo bancaba, pero como el pibe no lo sabía, tan contento. Eso sí, comenzó a sufrir una nueva transformación. Se empezó a vestir de negro, trajes lánguidos, y a tener un aspecto pálido, como de muerto ojeroso. Mis pibes me explicaron que podría tratarse de un look…¿Cómo dijeron? Ah si…dark, creo que le llaman. En fin, que Lauti parecía ahora una especie de vampiro actualizado, cosa que para tener treinta y uno me resultó, por lo menos desconcertante. En general esos disfraces son cosas de adolescentes, pensé, pero a la vez, acompañando esa transformación en la apariencia se iba volviendo más y más responsable, trabajaba cada día con más empeño, con más precisión. Su contracción al trabajo era directamente proporcional a la modificación de su aspecto. Los músculos se reducían y la palidez aumentaba. Tanto como la opinión de los chinos con respecto al encargado de sus contabilidades. Llegó un momento en que Lautaro se convirtió en mi mano derecha. Es más yo mismo le dije al padre que dejara de darme plata. Su pálido muchacho me sacaba los trabajos de inmediato, prolijos, detallados, impecables. Yo casi no tenía necesidad de ir a la oficina porque Lautaro empezó a encargarse de todo. Era increíble lo bien que se desenvolvía y las horas que podía dedicarse al trabajo. No quedaban ni los restos del bueno para nada alimentado con copos de maíz musculoso y bronceado que me había llevado del comedor de Eugenio y Cora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba tan cómodo y asombrado por lo que sucedía que no reparé mucho en Rocío. Es más durante ese tiempo en que Lautaro se ocupó de todo empecé a quedarme más en casa. Pero una tarde en que él había ido a la calle Nazca a ver unos clientes la abracé con malas intenciones, bueno malas es un decir nomás, ya se imaginan. Y me di cuenta de su piel blanca era ahora inmaculada, transparente casi y estaba, ella también, ojerosa hasta el infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No la toqué. Hubo algo que me hizo detener. Comencé a recordar las recomendaciones de Eugenio el día en que invité a Lauti a trabajar conmigo: “Cumplí por fin con aquello que te ha sido destinado. Es hora de que te realices, que concretes tus sueños más profundos”. No hubo tiempo para más. Llegó Lauti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquí estoy, vestido de negro, ojeroso y pálido, buscando alguien para hincarle los colmillos en el cuello y más pobre que una laucha, ya que Lauti y Rocío se quedaron con todos los clientes del Estudio.&lt;br /&gt;Cora y Eugenio pueden sentirse muy, muy orgullosos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-9078357141630469703?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/lauti-el-realizado.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-1473828854931638066</guid><pubDate>Sat, 03 Mar 2007 16:43:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-03-04T04:09:23.380-08:00</atom:updated><title>LA QUINCALLERA</title><description>&lt;a href="http://www.esmas.com/image/0/000/002/952/velas_N.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand" alt="" src="http://www.esmas.com/image/0/000/002/952/velas_N.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Claudia me dijo que como todas sus amigas iban a ir al curso para aprender a confeccionar velas, me olvidara de ella los viernes a la salida del banco. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Yo le dije que me parecía bien porque eso me permitiría ir con los muchachos a jugar al papi-fútbol sin tanta culpa, como lo hacía hasta el momento.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La primera semana, cuando llegué a casa, la encontré feliz contemplando su primera creación: una vela ambarina, cilíndrica, con perfume a azmicle. La encendió por la noche en el dormitorio e hicimos el amor como nunca, alumbrados sólo por esa luz tan especial y envueltos en aquella fragancia que aún hoy no dejo de evocar. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El sábado a la mañana, Claudia se levantó tempranísimo y me explicó que se iba a comprar parafina, moldes, pabilos y otras cosas que necesitaría para el curso. Cuando le propuse ir al cine por la tarde, me contestó que prefería quedarse a practicar su nueva afición. Aquel fin de semana invadió la cocina con cacerolas, latas de tomate vacías, parafina, colorantes y esencias, y me ví en la obligación de ocuparme del almuerzo y de la cena porque Claudia fundía y fundía, volcaba y modelaba cera azul, cera verde, combinada, con perfume a lavanda, a limón y a frutilla y a todo lo que imaginarse pueda. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;"Por lo menos -pensé- esta noche volveremos a alumbrar nuestro cuarto a la luz de las velas y compensará así el haberme ignorado durante todo el fin de semana". Y así fue: cuando oscureció, y las velas se encendieron, Claudia también estalló en fuego, y me hizo perdonarle el abandono.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Siguió la cosa toda la semana y la siguiente. Aunque estaba cansadísimo, ver a Claudia tan entusiasmada con su actividad y, debo reconocerlo, el placer de las velas encendidas por la noche, me hizo aceptar la situación sin alterarme, buscando consuelo en el campeonato de fútbol de primera en el que estaba puntero el Racing Club, el equipo de mis amores desde toda la vida. Es más, cocinaba con gusto y barría o pasaba la franela a los muebles porque, hay que reconocerlo, la casa estaba cada vez peor. Ella llegaba del banco y lo único que le importaba era la parafina y alguna nueva creación de extraña forma y más extraño aroma que hacía surgir de sus delicadas y transparentes manos. Me doy cuenta que digo transparentes, y así era. No sé si por efecto de la parafina o de la luz la piel de mi mujer, que siempre había sido nacarada, comenzó a adoptar un aspecto traslúcido que dejaba ver el latir de sus venas y permitía adivinar el correr de la sangre por ellas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una noche, en que no había nada para preparar un postre, decidí comerme una manzana. La verdad, le sentí un sabor rarísimo, y pensé que era yo, que tal vez había fumado demasiado de tan nervioso que estaba por los cambios que veía en mi esposa. Pero a la mañana, las tostadas tenían el mismo sabor, y cuando le pregunté a Claudia si ella no lo percibía, me contesto que no, que para ella, las tostadas estaban como siempre. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Semana a semana, la apariencia de Claudia se volvía cada vez más ambarina, sus noches eran más ardientes y la comida tenía más gusto a vela. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Han pasado ya seis meses desde que empezó el curso. Y no me resigno. No me resigno a haberla encontrado esta mañana convertida en un charquito de vela derretida sobre la alfombra de nuestro dormitorio. En cuanto a mí, la dieta parafínica me ha transformado definitivamente en un cirio con los colores de mi equipo favorito.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-1473828854931638066?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/03/la-quincallera.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-497452158797789852</guid><pubDate>Sat, 24 Feb 2007 14:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-02-24T07:51:55.978-08:00</atom:updated><title>BETO GONZÁLEZ, LA HISTORIA DE UN CHICHIPÍO</title><description>&lt;a href="http://bolivia.indymedia.org/icon/2004/05/9199.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 129px; CURSOR: hand; HEIGHT: 168px" height="270" alt="" src="http://bolivia.indymedia.org/icon/2004/05/9199.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;"Cuando mi viejo se lavaba, tarareando esa milonga en el piletón del patio, tenía ganas de escupirlo, te lo juro."Así empezó su confesión el Beto aquella tarde."Mi pobre vieja lo miraba y lo miraba, como si fuese…no sé, algún actor de cine, por lo menos. Él se recortaba el bigotito en elespejito del botiquín y ella, encima, le cebaba mate. Unos mates calentitos y dulzones que sólo ella sabía cebar.Yo veía lo &lt;em&gt;atorrante&lt;/em&gt; (sinvergüenza) que era: &lt;em&gt;mina&lt;/em&gt; (mujer) que subía al colectivo y le daba un cachito así de calce, se &lt;em&gt;la levantaba&lt;/em&gt; (la conquistaba) sin &lt;em&gt;laburo&lt;/em&gt; (trabajo). Y si no había &lt;em&gt;guita&lt;/em&gt; (dinero) para el &lt;em&gt;telo&lt;/em&gt; (hotel), al descampado nomás, en el último asiento. Pero mi vieja , boba, le corría todo el día atrás: con la camisa, con las rayas de los &lt;em&gt;lienzos&lt;/em&gt; (pantalones). Parecía que se los mandara envuelto en celofán y con un moño, como para que quedara más lindo, el muy &lt;em&gt;boludo (&lt;/em&gt;gilipollas&lt;em&gt;)&lt;/em&gt;."&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La ficha decía: "Alberto González, conscripto clase cincuenta ynueve. Tez blanca, ojos pardos. Altura: uno sesenta. Estudios: primarios completos. Profesión: vendedor. Se lo acusa de la explosión en los baños del Comando en Jefe."&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La verdad, lo miraba, mientras me tocaba custodiarlo, y no podía creer que el chichipío ése hubiera puesto el artefacto. Para mí era un &lt;em&gt;perejil&lt;/em&gt; (un idiota útil). Yo tenía que obedecer y cerrar los ojos y las orejas como el mono sabio. No quería &lt;em&gt;ser boleta&lt;/em&gt; (que me mataran) yo también. Así que cumplía mis obligaciones, pero trataba de &lt;em&gt;rajarle&lt;/em&gt; (escaparle) a lascosas más &lt;em&gt;fuleras&lt;/em&gt; (desagradables) que me tocaban. ¿Sabés qué hacía? Siempre tenía algún laburo práctico: una puerta que no cerraba, las canillas, los depósitos del baño. Entonces, no me encontraban a la hora de usar la electricidad para otra cosa. Y me salvaba. Y el pibe, el pibe me daba mucha lástima, parecía bueno, pero bueno en serio.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;"Justo cuando empecé la colimba, a mi viejo se le dio por andar con la loca esa. Nunca había tenido una fija. Siempre &lt;em&gt;yiros&lt;/em&gt; (mujeres de la vida). Pero esa vez la colorada comenzó a aparecer por todas partes. Lo volvía loco. Mientras tanto, a mí también se me dio con Patricia. No podía creer que una piba tan bonita se fijara en mí. Me esperaba allá en Palermo, a la salida del cuartel, con el pelo lacio y la cara lavada. Y esa parla. Yo no &lt;em&gt;manyaba &lt;/em&gt;(comprendía) nada de lo que me explicaba. Hablaba en difícil. De a poco fui entendiendo. Como entendía que la colorada no era igual a todas para mi viejo."&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La cara del Beto se iba transformando con cada palabra de la confesión. Para esta confesión sin testigos, no hizo falta la electricidad ni el agua. Habló con las entrañas, como si fuera a reventar de tanto dolor."Yo estaba convencido de que la piba me quería. Por eso empecé a acompañarla a las reuniones. Y de a poco me di cuenta de que ellos tenían bronca igual que yo por muchas cosas y que estaban tratando de cambiarlo, a su manera. Aquel día , mi viejo me alcanzó a escondidas un paquete que le había dado la colorada. Tenía perfume, jabón y desodorante de los finos. Para que la vieja no se &lt;em&gt;avivara&lt;/em&gt; (diera cuenta), me dijo:"Beto , ésto te lo regaló Patricia. No le digas nada a mamá. ¿Eh?" Me dio tanto asco que casi vomito sobre el paquete. Pero no quise armar &lt;em&gt;quilombo&lt;/em&gt; (hacer problema), y dejé todo así por el momento."No pude preguntarle nada. Lo dejé hablar. Y no hizo falta más. Vomitó todo, como hubiera deseado hacer sobre el paquete de la colorada. Me pidieron lo del baño del Comando el mismo día que decidí darle el escarmiento al viejo. Vos no jodés más, pensé para mí. Y ese martes hice las dos cosas juntas: metí la bomba y cambié el perfume de la colorada por el ácido más corrosivo que encontré."&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Miré al Beto otra vez y me dio tanta lástima que pensé qué podía hacer para ayudarlo. Era de verdad un &lt;em&gt;chichipío&lt;/em&gt; (pobre hombre), como había dicho. Así nomás. Hablé con los jefes, les conté, y estuvieron de acuerdo conmigo. Estaban necesitando algún &lt;em&gt;boludo&lt;/em&gt; (tonto) para congraciarse con la gente……………………………………&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Tararara, tata tachatatá …Comunicado Nº&lt;/em&gt;… (Onomatopeya de las marchas militares que precedían a los comunicados de los ídem) El Beto en la tele: "Viejo, perdoname, estoy arrepentido, no sabía lo que hacía. Me lavaron la cabeza, por eso hice lo que hice en aquel baño. Pero estoy arrepentido, de verdad y me doy cuenta que el único camino es el del verdadero bienestar de la patria, el camino derecho y verdaderamente humano*. Viejo, perdoname."&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Cati Cobas&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-497452158797789852?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/02/beto-gonzlez-la-historia-de-un-chichipo.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-1919193133626867469</guid><pubDate>Sat, 24 Feb 2007 14:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-02-24T06:32:56.255-08:00</atom:updated><title>EL HOMBRE QUE QUERÍA DETENER EL TIEMPO</title><description>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_pyXG367MhC0/ReBMRAP2MSI/AAAAAAAAACs/WYP8xam-xzw/s1600-h/Recoleta+y+varios+022.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5035108238408167714" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 268px; CURSOR: hand; HEIGHT: 198px" height="237" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_pyXG367MhC0/ReBMRAP2MSI/AAAAAAAAACs/WYP8xam-xzw/s400/Recoleta+y+varios+022.jpg" width="284" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hermes Temporoni se había sentido siempre muy buen mozo, y eso se notaba en su porte y elegancia. A pesar de haber doblado el codo de los cincuenta, mantenía una prestancia muy especial que lo distinguía de los otros gerentes de La Empresa. Tal vez se debía a los entrenamientos en el Tiro Federal, ya que nadie le ganaba en los campeonatos, a pesar de que los años iban transcurriendo: el blanco era suyo, implacablemente. Pero ya sus articulaciones no eran las de antes, y lo mismo ocurría con la vista. Esos ojos azules, que habían seducido a tantas, estaban dejando de leer hasta los nombres de las calles. "Algo tengo que hacer para detener el tiempo", pensó Hermes esa mañana de diciembre llegando casi, casi, a fin de año.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Había sido siempre un poco -en realidad un mucho- terco y solitario, pero esa misma terquedad, complementada con su espíritu independiente, le había permitido alcanzar niveles muy altos en el organigrama de La Empresa. Era cierto que la única compañía con la que contaba era la dePancho, el Setter Irlandés, su inseparable camarada de tantas cacerías. "¿Para qué más?", decía El Tano cuando le preguntaban por qué no tenía una pareja estable, ni tampoco hijos. "Con Pancho tengo toda la compañía que me hace falta y tiene la gran ventaja de que no habla, no pide, ni pregunta. Es perfecto". Por otra parte, Temporoni se consideraba "un hombre de recursos", alguien que no se ahogaba en un vaso de agua, un tipo con agallas. Tendrían que venir por él, no se iba a entregar a la decadencia así como así. Lucharía, enfrentaría al enemigo. Si había podido con contrincantes de toda laya: los amigos del barrio, en el picado; los del secundario, en el Nacional Buenos Aires, que comenzaron menospreciándolo por no ser de la sociedad, y todos esos que le habían hecho zancadillas en La Empresa. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;A él, al Tano Temporoni nolo iba a vencer ni la muerte. Faltaría más. Aunque ahora era distinto; definitivamente: otra cosa. El vientre blando, los párpados caídos, los dientes, amarilleando tras siglos de nicotina y alquitrán, hacían un conjunto muy difícil de aceptar.Tanto, como el hecho de que esa chiquilina, la secretaria de Rolón, le hubiera dicho: "ni por todo el oro del mundo, Ingeniero". A él no, a Hermes Temporoni nadie le negaba nada, y menos esa piba recién venida, una "chirusita" ordinaria y sin prosapia. Lástima que tuviera tan lindas piernas, que si no…&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La colección de armas de Temporoni estaba guardada en un armario de roble de exquisita factura y mejor gusto. Cada pieza, lustrada y aceitada para cumplir su cometido. Cada una, en su correspondiente estuche y a punto de ser utilizada. La Browning 1909, también, por supuesto. Al abrir la caja, forrada en terciopelo rojo, el Tano tembló por primera vez en muchos años recordando cuánto le había costado tener esa pieza que era igual a la que usara, presuntamente, Gavrilo Princip, para asesinar a los duques de Austria en Sarajevo1914: mejor que el brillante de Tokapi para un tipo como él. Sirvió el champagne en la copa de Baccarat que reservaba para las ocasiones especiales. Aunque estaba solo en ese enorme piso de la Libertador, se sentía a gusto. No era hombre de aflojar cuando se proponía algo. ¿Qué importaba que pronto el reloj del Pilar dieralas doce campanadas? Ese era el momento preciso para detener el tiempo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Colocó el calendario del año que llegaba contra la puerta de entrada de la biblioteca, y por delante, el antiguo reloj de enorme esferaque había comprado a los Bullrich en el último remate. "Cuando den las doce: apunten… ¡fuego!", pensó Hermes. "El tiempo se detendrá para siempre en este 2006 que comienza, el espejo no me va a volvera incomodar cuando me mire. Y Blanca no me va a poder decir lo que me dijo el otro día… ¿Se llamaba Blanca? No estoy muy seguro, lo que me gustaron son las piernas y no el nombre. Se va a arrepentir del desprecio, va a darse cuenta de quién es el Tano Temporoni".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las campanas de la Iglesia del Pilar, ahí tan cerca, resonaron para el hombre que quiso detener el tiempo, y ahogaron los lamentos dePancho, que sangraba, herido de muerte, detrás de la puerta de labiblioteca.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-1919193133626867469?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/02/el-hombre-que-quera-detener-el-tiempo.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_pyXG367MhC0/ReBMRAP2MSI/AAAAAAAAACs/WYP8xam-xzw/s72-c/Recoleta+y+varios+022.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-1394251161850227513</guid><pubDate>Fri, 23 Feb 2007 11:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-02-23T03:42:17.529-08:00</atom:updated><title>LA MILONGA DE LA ÑATA</title><description>&lt;em&gt;&lt;strong&gt;El escenario:&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;a href="http://www.exploredance.com/iprez/p030903117.jpeg"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 194px; CURSOR: hand; HEIGHT: 234px" height="312" alt="" src="http://www.exploredance.com/iprez/p030903117.jpeg" border="0" /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt; &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Un salón de baile en Flores, un barrio de Buenos Aires. En el centro: la pista. Alrededor de la misma: mesitas con manteles rosados y amarillos y floreros con flores secas de colores chillones. Sillas metálicas plegadizas de tijera. El salón está iluminado por luz fluorescente y adornado con guirnaldas de papel. Los concurrentes: hombres y mujeres que frisan o superan la cincuentena. Los hombres, de riguroso terno oscuro, camisa y corbata. Las damas, trajes de falda breve, medias con costura y zapatos de taco aguja con pulsera en el tobillo. Mucho maquillaje y peinados pasados de moda.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Che, Ñata mirá ése, cómo te cabecea.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Callate, que ya lo tengo &lt;em&gt;junado&lt;/em&gt;. En el baile de la semana pasada mucho amagar y al final me dejó pagando…en aprontes se fue, el muy cochino. Le dije que si, y cuando me paré empezó a caminar como para bailar conmigo, pero se ve que me vio muy &lt;em&gt;lunga&lt;/em&gt;, dio media vuelta y se metió en el &lt;em&gt;biorse&lt;/em&gt;.-¡Qué cobarde el enano! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Lo que pasa, es que vos sos muy alta, y no te llega ni a la cintura.-Pero acá no venimos a medirnos, Tita. Venimos a milonguear y nada más, y a mí me gusta el petiso porque baila de diez, así que no me importa hasta dónde me llega.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Es que estás pintona Ñata! ¡Parecés una piba!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Mi buen trabajo me cuesta, che. Los miércoles y viernes me levanto temprano, me pongo los ruleros, y me tomo unos verdes despacito. Mucha crema para las arrugas, me hago las manos, si se me rompieron las medias voy hasta la tienda de acá a la vuelta que me trae del Once algunos pares con costura porque según dónde no las conseguís. ¿Viste? Como la tinta me la hace mi hermana cada quince días, lo único que me queda por hacer es arreglarme las uñas. Como algo livianito y a eso de las cuatro enfilo para Flores.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-A mí lo que más me cuesta de venir es embutirme en la faja, pero me la tengo que poner porque si no, parezco un flan Ravana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Ultimamente, tengo un poco de lío para renovar &lt;em&gt;pilchas&lt;/em&gt;, con esto de la crisis. Antes, con los &lt;em&gt;ponjas&lt;/em&gt;, me compraba las blusitas con nada. Y decí que Carlos me dejó bastante forrada y los chicos me ayudan, que si no…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Ellos saben que venís a la milonga, Ñata?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Mirá Tita, lo sospechan. Cuando salgo de casa les dejo un papelito con la dirección del baile en la mesada, por si me pasa algo… Pero la verdad, decirles, no les digo. Como la milonga es de semana, cuando pasan con los pibes a buscarme el sábado para ir al country, en Pilar, yo me encajo el yoguin, las zapatillas y ni pío del tema.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Hacés bien, tus nueras no te entenderían…son tan finas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Sobre todo Mariana, la de Eduardito, la abogada. Si supiera que la suegra se viene acá se moriría de seguro. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Carlitos y Eduardo saben muy bien que con la milonga empecé a los quince, en el Estrella de Oriente, por Valentín Alsina, donde vivía de piba. Ellos entienden que cuando el &lt;em&gt;fueye&lt;/em&gt; suena, el alma también me baila, que me muero por dar vueltas en la pista, sobre todo si encuentro compañero que me cuadre y que me sepa llevar. Por eso, se hacen los burros, con las mujeres disimulan y a los pibes no les cuentan nada de la otra cara de la Ñata, se la llevan guardada. Además, los chicos me dicen Abuela y las mujeres…Ana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si, los sobrenombres son de antes…a la Pocha, las nueras la llaman María Elena y al Toto, Manuel le dicen ahora, hasta el Bocha se hace llamar Ernesto. En fin, los tiempos cambian…y usar sobrenombres es medio ordinario, parece. Che, Ñata, ahí viene el petiso. Esta vez te saca…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Disculpe…¿Baila?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Bueno, no me va a dejar pagando ¿No?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;..................................................................&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y ahí va, la Ñata, girando en el salón adornado con guirnaldas de papel, en brazos del bailarín que trata de verse alto, a fuerza de enderezar la espalda. Se la ve radiante: rosada de piel, con brillo en la mirada mientras enreda sus piernas en las del galán que la acompaña. Es sentimiento en melodía lo que bailan. Pero ella vuelve a la mesa y se deja caer en la silla. Parece cansada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;..................................................................&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Mirá, Tita, no te iba a decir nada…pero… ayer fui a ver al tordo. Me volvió la de la mala palabra…Tengo, como mucho, seis meses…estoy toda tomada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Ay Ñata, no me digas. Yo pensé que el tema estaba terminado. Ya van para seis años de la última vez…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Te acordás…A los dos días de la quimio, me calzaba la peluca, me rellenaba donde ya sabés y a la milonga sin falta a sacarme de encima toda la &lt;em&gt;mufa&lt;/em&gt;, así nomás, con el tango......Y ahora, ahora pienso hacer lo mismo, seguir bailando y hasta el último día venir a la milonga, porque para agarrarme, &lt;em&gt;Laquetejedi&lt;/em&gt;, va a tener que saber mover muy bien las &lt;em&gt;tabas...&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Glosario:&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Cabecear&lt;/em&gt;: llamar desde lejos a una dama para bailar&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Junar&lt;/em&gt;: haber visto a alguien previamente&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Lunga&lt;/em&gt;: alta&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Biorse&lt;/em&gt;: baño&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;El Once&lt;/em&gt;: barrio comercial de carácter masivo y popular&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Ponjas&lt;/em&gt;: comerciantes orientales que vendían a precios muy económicos,antes de la crisis, ropa de dudoso gusto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Fueye&lt;/em&gt;: bandoneón&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Tordo&lt;/em&gt;: doctor&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Tabas&lt;/em&gt;: pies&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Laquetejed&lt;/em&gt;i: "aquella de la que te hablé" (por la Muerte)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-1394251161850227513?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/02/la-milonga-de-la-ata.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-5853837318056823729</guid><pubDate>Fri, 23 Feb 2007 00:14:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-02-22T16:37:08.541-08:00</atom:updated><title>EL RODADOR</title><description>&lt;a href="http://www.iz3w.org/argentina/Bilder/n_cartonero_jpg.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 156px; CURSOR: hand; HEIGHT: 202px" height="322" alt="" src="http://www.iz3w.org/argentina/Bilder/n_cartonero_jpg.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Carlitos Romero fue rodador desde chiquito. En cuanto sentía en la pancita los retorcijones del hambre, rodaba, solito, y salía de la caja de manzanas que le servía de cunita allá, en la Villa Treinta y uno, cerca de Retiro. Todos se asombraban cuando lo encontraban, hecho un ovillito, en la puerta del almacén de Doña Clota. Pero Carlitos se había dado cuenta de que doña Clota tenía leche de sobra para darle –estaba amamantando a su beba, pero la producción láctea era sumamente generosa- y como él era flaquito, y tenía carita de desgraciado, la mujer lo alzaba, mientras el bebé se regodeaba, al darse cuenta de que se iba a hundir en esos pechos generosos, tan distintos de los que tenía su mamá, un criolla seca de carnes y de sentimientos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después, cuando fue a la escuela, comprendió de que si visitaba la casa de algunos compañeros, iba a almorzar o merendar mucho mejor que en la suya, por lo que siguió rodando de casa en casa siendo, por lo general, bien recibido, ya que se fue convirtiendo en un muchachito prudente y ubicado, que se conformaba con lo que le daban, pero que siempre seguía buscando y rodando, como había aprendido a hacer en su cuna frutal, allá en la casa de chapa y cartón de la Treinta y uno. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así, rodador, fue creciendo hasta que cuando se hizo grande le dio por las mudanzas. Ahí nadie pudo detenerlo. Lo supieron conocer primero en los barrios vecinos. En cuanto pescaba que había alguna casa que podía ser tomada, ahí se mudaba Carlitos con su carrito lleno de cachivaches. De todo llevaba: el catre, el roperito con la luna oxidada, la palangana para lavarse sin salir afuera y lo que más apreciaba: un botón de la blusa azul de Doña Clota, la misma blusa que tantas veces había visto desabotonarse con generosa magnanimidad. Si Carlitos se daba cuenta de que le iban a reclamar la casa, mudarse le resultaba muy fácil: ponía todo adentro del carrito y se buscaba otro lugar para vivir mientras pudiera. Entre tanto, para mantenerse, ejercía los más variados oficios; por ejemplo, fue deshollinador en Puerto Madero (el único problema era que no había ni una chimenea por allí, pero eso para Carlitos no era obstáculo), ordeñador de vacas en la City (ahí tuvo el mismo problema que antes, ya que las vacas no se guardan en los bancos, y ya se sabe que lo único que hay en la City son entidades bancarias).&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nunca le sobró demasiado, pero hambre no pasó tampoco, porque de una u otra forma iba rodando para hacerse la diaria, aunque más no fuera ordeñando la máquina de café Express en el bar Pablito de Veinticinco de Mayo y Reconquista. Para eso tenía el botón azul de Doña Clota, que le servía de cospel de subte y también para hacer funcionar las máquinas expendedoras, como la que tenía Pablito a la entrada del boliche.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un día, mientras pensaba a dónde mudarse, ya que le habían le venía el desalojo, se chocó de frente con Don Carlos Galván, el empresario más poderoso de la ciudad de Buenos Aires. Galván, con su corpulencia hacía, por lo menos, cuatro Carlitos juntos y lo dejó aplastado en la vereda. Como Carlitos no acostumbraba quejarse, volvió a hacerse un bollito, y quedó a los pies de quien lo había derribado, igualito que en otra época en la puerta del almacén de Doña Clota. Don Carlos se compadeció de ese ovillito y lo metió en el portafolio. Así Carlitos consiguió mudarse a lo mejor de Palermo, justo frente a los lagos. Cuando rodó fuera del portafolio de DonCarlos, y se sentó junto a él en la biblioteca, el empresario, que le había tomado simpatía, le propuso: "Mirá Carlitos: necesito alguien como vos, de confianza. Tengo muchos problemas con el fisco y como vos sos un desconocido para ellos, yo podría, si te parece, poner algunos bienes a tu nombre, vos me firmás un contra-documento en el que me los devolvés y listo. ¿Qué te parece?" &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Carlitos pensó que total nada tenía que perder porque nada tenía hasta el momento, y aceptó. Para estar tranquilo sobre la fidelidad del Rodador, Don Carlos lo hizo mudar a su piso, en la torre más alta de la ciudad, desde donde se veía la orilla de Uruguay bien clarita así como los barquitos de vela navegando por el río marrón. Carlitos tuvo un poco de problema en este caso, porque no querían dejarlo entrar en el edificio con el carrito de la mudanza, que había ido a buscar a la última casa donde había vivido antes de su encuentro con Don Carlos. Aunque al final consiguió que se lo dejaran guardar en el garage del edificio.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y así, Carlitos comenzó una nueva etapa en su vida de rodar y rodar. El botón de Doña Clota lo llevaba siempre encima, aunque ahora no necesitaba usarlo: Don Carlos le proveía todo lo que necesitaba y más. Estaba muy contento de haber encontrado alguien como Carlitos, sin amigos, sin familia, que podía hacerse cargo de sus cosas sin molestar y sobre todo, sin preguntas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Carlitos pensó que ya había dejado de rodar. Que había encontrado su lugar en el mundo. Que el botón de Doña Clota podría estar para siempre de adorno, colgado de su cuello, cuando sucedió lo inesperado.Un día, mientras se entretenía contando los veleros que brillaban bajo el sol de noviembre en el Río de la Plata, le llegó la noticia de que debía mudarse nuevamente: Don Carlos había tenido un accidente mortal y como todo estaba a su nombre…&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fue un poco complicado para la empresa de aviación subirle el carrito de las mudanzas a ese avión que partía a Nueva York, pero a un magnate de los kilates de Don Carlos Romero no podía negársele nada. La revista People dijo en uno de sus reportajes que se maravillaba de la ubicuidad y don de gentes del multimillonario cuyo distintivo empresarial era un botón de plástico azul en la solapa del impecable Armani.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;© Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-5853837318056823729?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/02/el-rodador.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-22137538.post-9081080676719444773</guid><pubDate>Tue, 20 Feb 2007 10:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-07-18T08:34:10.521-07:00</atom:updated><title>EL HORMIGUERO (Alegoría)</title><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.ibertrac.com/gifnoved/hormigas.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 196px; CURSOR: hand; HEIGHT: 133px" height="179" alt="" src="http://www.ibertrac.com/gifnoved/hormigas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Cuando yo era chica, los hormigueros ejercían en mí una gran fascinación. En “El Tesoro de la Juventud” había leído que se podía fabricar un formicario con paredes de cristal, rellenarlo con tierra, y convertirlo en hogar para una colonia de hormigas laboriosas. Había que darles hojas frescas y verdes para que pudieran continuar ahí, tan lejos de la “Pachamama”, su ciclo vital, y, a cambio, podrían analizarse comportamientos varios.&lt;br /&gt;Le pedí a mis padres que me permitieran construir uno, pero mi papá, que amaba las plantas y detestaba las hormigas, me sugirió que lo mejor era apreciarlas en su verdadero entorno: el jardín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como los niños no tienen demasiada noción de crueldad, nada me fascinaba más que confundir a mis observadas: un día las hacía subir a un palito, y perdían el rumbo al hormiguero; otro, les vertía agua para comprobar si nadaban. A veces, les retiraba su carga, y observaba cómo se comunicaban entre ellas para volver a indicarse el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no me sentía cruel, sólo curiosa, intrigada, deseosa de saber más sobre ellas. Y, un poquito -por qué no confesarlo- todopoderosa. A pesar de todo, llegué a querer a mis hormigas, que, en realidad, no eran mías sino de ellas mismas, creadas por la Madre Naturaleza. Había aprendido a distinguir a algunas pintándoles una pequeñísima marquita. Me encantaba verlas cortar hojitas, cruzarse en los caminos, entrar y salir de los agujeros que accedían a su morada. Las imaginaba empeñosas, alegres, tristes, perezosas, y tantas cosas más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, una mañana, algo -no me pregunten qué- hizo que buscara una pala y destruyera un hormiguero.&lt;br /&gt;Las hormigas comenzaron a moverse enloquecidas. Su hogar estaba sin techo. Sus laberintos, al descubierto. Las contemplé mientras corrían desorientadas, como si buscaran una explicación para el caos. Me dio mucha pena haber destruido el hogar de las hormigas. Muchísima pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso sí, cuando volví al lugar, ya habían vuelto a armar un hormiguero nuevo, y continuaban sus labores como si nada hubiera pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y desde entonces me convertí en observadora de pájaros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cati Cobas&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/22137538-9081080676719444773?l=caticuentos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://caticuentos.blogspot.com/2007/02/el-hormiguero-alegora.html</link><author>cati_cobas@yahoo.com.ar (CATI COBAS)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item></channel></rss>